“No debería suponerse un ‘nosotros’ cuando el tema es la mirada al dolor de los demás” S. Sontag
Hay miradas que matan, miradas que aniquilan, que ensucian, que acusan, que prohíben, que humillan, que indignan. Y también hay miradas que acarician, que seducen, que acompañan, que vitalizan. Levinas dijó que la ética es una óptica, es decir una forma de mirar. Una forma de mirar que implica una forma de responder y posicionarse respecto lo otro, sobre el rostro y la presencia del otro; de su sufrimiento, de su mirar, de su existencia. Por tanto la ética se vincula con la mirada, que no se pone sobre otra mirada, sino que expone otra mirada, por tanto, que no tiene su inicio en sí misma sino que es una exposición, una atención, una reciprocidad, una respuesta.
El ¿Que pasó? de Carlos Valverde sustituye la mirada por el fenómeno, cuantitativo, divulga cifras acompañadas por imágenes cuyo ejercicio de montaje generan otro discurso, algo ambiguo, que transita entre la propaganda, el documental televisivo, el talk show, el videoclip e incluso, por momentos, el periodismo de investigación televisivo y obviamente, la ficción.
En el epílogo de esta pieza audiovisual el director-guía-pedagogo nos aclara que esto es un documental y nos reitera las intenciones de este, haciéndonos cómplices, con un tufo autoritario, como cerrando un contrato de lectura, de cuál debe ser la posición de la mirada, de nuestra mirada y por extensión de nuestro juicio.
Es la posición de la mirada del versátil Valverde la que interroga a la realidad, a la que demanda consecuencias, busca en el primer mandatario cierta finalidad explicativa, pero al no encontrarla recuenta las muertes acaecidas en 3 años de gobierno de Evo Morales. El tratamiento no deja de llamar la atención, conjurando testimonios, dependiendo el caso, por ejemplo: Huanuni, Cochabamba (11 Enero 2007), Sucre (25 Noviembre 2008), Porvenir (11 Septiembre 2008) sorprenden por la cantidad de testimonios, sin embargo sólo nos presentan las causas, es decir lo que desea mirar y que miremos, los muertos, en el intento de responder a su interrogante cuasi ontológica ¿que pasó? Realidad, él mismo se responde; muerte.
El tono pedagógico de Valverde, cuando interpreta los elementos que sostienen su hipótesis que no hacen más que afirmarla nos recuerda que esto es real. La triada cerrada: la imagen (previamente seleccionada y musicalizada) la aclaración (a través de una imagen previa, que es la que condiciona el significado, o una brevísima “contextualización”) y la referencia (de forma presente, sin mirarnos a los ojos, el realizador comenta, y esboza afirmaciones sobre lo visionado) constituyendo lo real (la realidad es una construcción visual).
Una vez constituida la realidad, la personifica; Evo morales, con acontecimientos singulares; muertes en x, y, z, zonas, con cifras (el fetichismo de la objetividad), un sujeto; bolivianos de tipo a y b (el “movimiento popular acrítico” como lo califica el realizador) y cierta porción “demócrata” de “la sociedad civil” que está “cansada de atropellos y humillaciones”, en un tiempo especifico y una promesa; la posesión de Evo Morales y su sentencia “no habrá ningún muerto en mi gobierno”, y otra promesa, que en este caso emana de los labios del realizador, “estas son hasta hoy las consecuencias” de “un gobierno que mata”.
La ética de Kant es una ética situada, es del aquí y del ahora, es pura, independiente de la experiencia, algo ajena para tiempos en que todo es interpretación. Pero de esto se desprende una ética de la respuesta, que es de carácter a posteriori. Pero sólo después, al finalizar la historia podríamos decir cual ha sido un comportamiento ético, por ello la ética tiene un componente narrativo: es un relato provisional, porque todo relato es próximo a la ficción, es una hipótesis, en ¿Que Pasó? La hipótesis, la pregunta y a respuesta (salvación) la proporciona una sola voz, un autócrata de la mirada que tiene y comprende a la realidad. Por suerte una ética provisional contiene un lado negativo, la posibilidad de la no respuesta, de la no salvación, de la sospecha, por tanto hay que buscarla, es perfectible no maniquea ni se subordina a una voz altisonante y autócrata. Es o debiera ser una ética cuyo origen está en el otro, en su sufrimiento, por eso la ética no es la búsqueda del bien, o de la verdad, o de una respuesta desesperadamente adolescente de un ¿que pasó? sino que es una respuesta al mal, no tiene que ver con la búsqueda del bien, o la verdad, la belleza o el paraíso sino que con la resistencia al infierno, lo falaz, los profetas, los espurios, los que se arroban la representación y los autócratas de la televisión opinativa. Como dice Calvino “El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio”
Nota: El presente texto no indaga sobre los datos: el contenido del documental que presenta su realizador. Dicha actitud de renuncia se desprende de las afirmaciones que realiza quien firma el documental cuando advierte que los muertos son de “Evo Morales” y reiteradas veces “del sector de Evo Morales”, en un ejercicio por demás maniqueo, quebrantando la vida a favor de un discurso en exceso ideologizado e ideologizante que le sirve para justificar su posición ética respecto a la construcción personal de un fenómeno concreto: la(s) muerte(s).