Adentrándose en un mito, legado del escritor Víctor Hugo Vizacarra, Tonchy Antezana intenta (re) construir la representación del alcohol y del alcoholismo en las marginales entrañas de la cuidad de La Paz. Intentemos, nosotros, a su vez, encontrar ese imaginario.
La película se podría resumir así: un hombre decide encerrarse en un cuarto y beber hasta morir por razones que se explicarán a lo largo de la película. Salvando las distancias entre una obra mayor como es La nación clandestina de Sanjinés y una obra menor como es El cementerio de elefantes, la comparación entre estas dos películas puede llegar a ser enriquecedora.
En las dos, por ejemplo, los personajes principales deciden morir para redimirse (es interesante notar que ambos se redimen gracias a la expresión de la fiesta, es decir el baile y el alcohol), pero mientras que Sebastián Mamani lo hace pensando en un colectivo, el personaje de Antezana lo hace pensando como simple individualidad. Así, mientras Mamani después del sacrificio vuelve a la vida, esto no es una opción para el segundo: redimirse es negarse a sí mismo y la negación máxima de uno es por supuesto la muerte. Mamani en cambio, no quiere negarse, sino más bien, encontrarse como parte de la colectividad, son dos caminos inversos, dos redenciones diferentes. Esta constatación nos devuelve a la dualidad que encontramos en la obra de Sanjinés: el campesino que piensa en colectivo y sólo a partir de él vive y el hombre de cuidad que piensa a partir de su individualidad.
En las dos películas el alcohol funciona como negación. Mamani llega al paroxismo de la negación de sus orígenes al consumirlo, mientras que en el personaje creado por Antezana el alcohol (es interesante ver que en El cementerio de elefantes, el personaje ya es alcohólico, de cierta forma ya se ha negado a sí mismo de entrada) funciona como un elixir del olvido. Si suponemos que en el largometraje de Antezana se prioriza más lo individual, el gesto de querer olvidar lo que el sujeto a vivido, es exactamente el gesto del transformado Maisman cuando se distancia de su pasado. A partir de esto, constatamos que el alcohol en Antezana es el olvido y llenarse de olvido termina siendo la muerte.
Podemos encontrar otro punto de comparación entre las dos películas que llegaría a ser interesante: los espacios en donde se realiza la redención. En Sanjinés es un espacio abierto y con la compañía atenta de la comunidad. En el “cementerio….”es totalmente diferente: es un espacio construido para el tipo de muerte que desea el personaje: es cerrado, nadie puede entrar ni salir y tiene un aire denso. Esto confirma la hipótesis del principio: en Antezana el personaje sólo piensa a partir de él, su muerte es particular y tiene que ver mucho con el olvido y la soledad.