El hombre ha tenido desde siempre un interés por las figuras antropomórficas. Desde los mitos antiguos hasta las fabulas relativamente modernas, estas figuras han sido una buena herramienta para explicar ciertas cosas de una manera sencillísima. Sin embargo, es con el cine animado que esta forma de representación ha llegado a niveles insospechados (insospechados, si dejamos de lado el antropomorfismo como parte del ritual). Ahora somos capaces de ver “verdaderamente” a un animal hablar o vestirse con un elegante traje.Con el cine, la acción de dar rasgos humanos a animales o cosas inertes ha salido de la esfera de lo ritual y de lo didáctico (aunque no del todo, porque el cine por definición tiene algo de ambos) para entrar en la esfera de lo cómico y de lo entretenido (lo que no significa que sea banal).
Con una estética parecida a la de Jan Svankmajer (en algunas secuencias más que en otras), Wes Anderson con su película: El fantástico mr. Fox, nos narra la historia de un Zorro ladrón de gallinas y de su familia que se enfrentan a unos despiadados granjeros que quieren matar a toda costa al animal.
Cuando vemos el antropomorfismo en las películas animadas, este aparece como un hecho natural, es decir, no sentimos que haya ningún inconveniente para los animales en actuar como humanos. Tal vez, en el único momento que hay una oposición animal/humano, es cuando el primero se enfrenta al segundo, en la típica dicotomía del clasismo americano. Hay en Mr. Fox la misma confrontación pero la oposición no es sólo exterior sino también interior. El personaje principal de la película, debe decidir entre seguir su vida como ladrón de gallinas (es decir, haciendo lo que hace un zorro común y corriente) o tener un trabajo como periodista, para poder mantener a su familia y por supuesto, tener un trabajo menos riesgoso. Los animales de la película saben que tienen una esencialidad propia de su especie y que ésta a veces complementa los rasgos humanos pero también entran en confrontación.
Así, a lo largo de la película encontramos las oposiciones clásicas entre lo animal y lo humano, los instintos contra lo que sería lo racional, el bien de uno en contra el bien de todos, etc… Sin embargo, hay algo interesante en la construcción de estas categorías contrarias: aquí los instintos sirven sólo para que el ser- zorro se sienta completo, satisfecho consigo mismo, mientras que los rasgos humanos son los que dan a los animales de la película, los instrumentos necesarios para la supervivencia. Planteamientos así (el ser que no tiene instintos es un ser incompleto y necesita inventar, a partir de la razón, sus propios medios de supervivencia) los encontramos en muchos pasajes de la historia de la filosofía.
Wes Anderson tiene un singular estilo, ya lo vimos en películas tan extrañas como A bordo del Darjeeling” En El fantástico Señor Zorro se combinan imágenes animadas que llegan a tener una estética parecida a la que se consigue con el stop motion, para intentar entender lo que significa la dicotomía animal/humano.