No es casual que desde sus inicios el cine haya apostado por sorprender al espectador, en 1895 los hermanos Lumiere lograron, con La llegada del tren, proponer la realidad en la pantalla. Este primer efecto de realidad proyectada más allá de lo real generó diversas lecturas y propuestas. La ficción le fue ganando espacios a la realidad y los personajes más extraños desfilaron por las grandes pantallas.
En 1941 George Wagger dirigió El hombre lobo, una película que ponía en escena uno de los mitos más famosos de todos los tiempos, la licantropía era vista como un fenómeno al alcance de cualquiera, un hombre lobo podía estar entre nosotros y los efectos de la luna llena podían despertar a la más temible bestia. Casi 70 años después, Joe Johnson hace un remake de este film clásico y lo realiza con grandes actores: Benicio del Toro (Lawrence Talbot), Anthony Hopkins como el padre de Lawrence (Sir John Talbot), Emily Blunt y Geraldine Chaplin entre otros.
La historia comienza con el retorno de Lawrence a la casa de su padre luego de la misteriosa muerte de su hermano que ha dejado muy confundidos a los pobladores de la zona, inexplicables muestras de violencia en el cuerpo sin vida provocan diferentes conjeturas acerca de los hechos que pudieron haber provocado tal suceso. Desde acá, la trama de la película teje historias paralelas de amor y odio, de venganza y rencor. La tensión que se genera entre Lawrence y su padre va develando el origen de todos los conflictos que se presentan a lo largo del film.
El manejo del suspenso de acuerdo al control de los tiempos que se construye en la película, no logra aquello que es fundamental en un film como este, generar espectativa en función de una gran sorpresa. En El hombre lobo de Johnson el espectador no se sorprende, y esto no se debe a la historia, sino al trato que se le da dentro de la puesta en escena. Los actores no viven sus roles y más bien repiten fórmulas establecidas de actuación para este género cinematográfico, el montaje no permite que se desarrollen los conflictos individuales de los personajes y esto corta la tensión que se intenta crear desde un principio.
De alguna manera, también nos enfrentamos (como Lawrence) a un cadáver cuando vemos El hombre lobo, es nuestro trabajo descubrir que es lo que hace tan misteriosa la muerte - en el cine - de una historia de licantropía como esta.