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El regalo de la Pachamama

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    El regalo de la Pachamama: cierta formula del cine. Sebastián Morales Escoffier    
   

¿Cómo representar al otro? ¿Cómo representar al indígena? Esa es la pregunta clave que debe esforzarse en contestar el cine indigenista. La respuesta a la pregunta es por supuesto esquiva, cambia con el tiempo y no es una sola. Pero de la forma en que se contesta este dilema depende la calidad de la película. Así, encontramos grandes soluciones como en las películas de Jorge  Sanjinés, pero también hay –y estas son la mayoría- películas que se limitan a ser una mera descripción etnográfica. La frontera entre los dos incluye varios aspectos, como el conocimiento, los recursos técnicos y sobre todo una cierta actitud hacia el tema a tratar. El cine indigenista, es uno de los más difíciles de hacer.

Justamente en esta segunda categoría- la de la descripción etnográfica- se encuentra la película El regalo de la Pachamamadel director japonés Toshifumi Matsushita. Para lograr este tipo de representación, el realizador encuentra la perfecta excusa: un viaje. Se trata de  la historia de un niño llamero y su padre, que tienen  la misión de llevar sal desde  Uyuni a comunidades alejadas, hasta llegar a su destino final en Macha.
A partir de este viaje, la película se configura más que como una unidad, como una serie de cortometrajes, que sólo se relacionan gracias a la presencia de los llameros. Así, en esta serie de episodios, aprovecha el director para poblar todo el metraje de lugares comunes, hasta desembocar en una sutil porno-miseria.
La porno-miseria se refleja sobretodo por la especial atención que hace el realizador en  la muerte y su imaginario. La muerte aparece aquí como el destino de la gente pobre que debe trabajar en condiciones precarias justamente para sobrevivir (la mujer que se enferma por plantar quinua en la lluvia o el minero que muere por una explosión). Así, parece que en la película, hay una relación intrínseca: pobreza- trabajo – muerte.

Pero la película va más allá de eso: hay una evolución de la porno-miseria, a lo que sería algo así como un Bolivia for export,  haciendo un especial  énfasis en lo que para el extranjero es pintoresco y  exótico  (fiestas de pueblo, tinkus, chullpas,  esa especial manera de tratar a los ladrones, etc….) hecho para el público extranjero al que le interesa Bolivia, pero no como para ir más allá de la mera apariencia (lo que sospecho es el caso del director).

Pero además de hacer un énfasis hacia lo exótico, el director da pequeños guiños, sobre  la relación entre estos campesinos en la extrema pobreza y una inevitable modernidad  como una única forma de sobrevivir. Así, los niños sueñan con los aviones, camiones que remplacen a las llamas en el arduo camino de la sal, y sobretodo con los trenes, que en la película aparecen como ruinas. La frase capital que parece resumir la opinión del director al respecto, viene de la voz de un niño que dice: “pensábamos que si seguíamos el tren, podíamos llegar a donde sea”. Pero este deseo de modernidad, también se contrapone – siguiendo ese esquema del Bolivia for export- a un apego a las costumbres y tradiciones, aunque éstas aparecen ya como algo que no se puede sostener en una modernidad que avanza dando pasos largos.

Esta relación contradictoria modernidad- campesino, se hace más fuerte en el momento en que el director, se aventura a dar un mensaje moralista sobre los vicios de los protagonistas del film. Así, escuchamos la voz de un extraño personaje que no cumple ninguna función narrativa y parece ser una especie de conciencia ajena  los personajes y que exige  a los campesinos volver a sus orígenes, cuando estos comienzan a tomar bebidas alcohólicas. Aquí no sólo aparece, el lado positivo de la inserción a la comunidad occidental, sino también los gestos negativos, que parecen  mejor asimilados.

El cine indigenista tiene muchas aristas a resolver y sólo grandes directores logran encontrar la forma de hacerlo. Pero para esto, es necesario tener las herramientas suficientes y la intención de hacer una fuerte reflexión sobre el indígena en el cine.  Justamente, es eso lo que no hace Matsushita, se queda con su mirada de extranjero y al parecer,  sin la menor intención de entender lo que se está filmando. Se queda simplemente con la imagen de lo exótico y lo pintoresco, que es suficiente como para lograr premios en festivales extranjeros, que poco o nada saben de Bolivia y que piensan que  una película como El regalo de la pachamama es innovadora. Esta es la fórmula evolucionada de la porno-miseria, a la Bolivia for export.

   
   
Tags: cine boliviano Sebastián Morales Escoffier
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    Sebastián Morales Escoffier
Crítico y realizador
 
         
 
 cinecacero / 19-Aug-09 23:08
 
Me gustó el comentario, la verdad yo tenía una basta curiosidad por ver que era lo que lograría un Japonés inmiscuyéndose dentro del cine indigenista acá en Bolivia, quería saber si era un trabajo serio, como nos miraba y como nos haría quedar luego. Tras leer su comentario siento que me ha salvado de perder 104 minutos de mi vida más propagandas y movilidad al cine idi-vuelta. Es cierto que no se puede tratar a la ligera al cine indigenista, especialmente en esta generación donde es casi imposible mostrar al indígena sin una connotación política o vacía, superficial, precaria (como creo es el caso).
 
 
         
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  Título original: El regalo de la Pachamama
Género:
País: Bolivia y Japón
Año: 2008
Dirección: Toshifumi Matsushita
Reparto principal: Christian Huaygua, Fanny Mosques, Francisco Gutierrez y Luise Mamani
Música: Luzmila Carpio
Fotografía: Gustavo Soto, Guillermo Ruiz y Carlos Crespo
Guión: Toshifumi Matsushita
Producción: Keiko Komori y Toshifumi Matsushita
Duración: 104 minutos
 
         
 
       
             
 
           
 
 

 
 
 
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