Los amantes de James Gray nos cuenta la historia de un treintañero bipolar llamado Leonard, que se debate entre el amor de dos mujeres. Michelle, una de las pretendientes, sale con un rico empresario que está casado. Es a ella que Leonard ama, sin embargo, como es de suponerse, es una relación casi imposible, por la relativamente cómoda situación en la que se encuentra Michelle. La otra mujer se llama Sandra, es la hija de los socios de los padres de Leonard y está locamente enamorada de él, es, empero, un amor no correspondido.
Si bien el tema del film puede parecer absolutamente tele novelesco, la puesta en escena no le ha debido resultar fácil a Gray. El problema al que se enfrenta el director, es ciertamente, el de regular las dosis de emoción. No se trata, según vemos en el despliegue de la película, de hacer una película melodramática, llenas de lágrimas, desencuentros y final feliz para calmar conciencias. Gray se enfrenta a un personaje que es bipolar y por tanto sus cambios de humor deben ser repentinos y en muchos casos contradictorios. Para lograr representar todos los matices que podría tener Leonard, se arriesga a una estética que no contienen en sí muchos elementos expresivos (léase sentimentales), la trama pasa como un río calmado, la cámara es “invisible”, no se opina, se queda a la misma altura de los personajes todo el tiempo y se coloca simplemente en los mejores lugares para captar la acción.
La inclusión de una estética de estas características en una trama como la que acabamos de describir, hace que se instale una especie de vacío insondable en el medio del film. Esta situación en la película de Gray, viene como anillo al dedo a un personaje como Leonard. A fin de cuentas, este treintañero bipolar, es un hombre absolutamente patético, que quiere lo que no pude tener y tiene lo que no quiere. Su vida, es un vagabundear, como la película misma, un vacío, imposible de llenar o al menos no completamente.
¿Es posible ver en el personaje de Leonard, ciertos comportamientos contemporáneos? ¿Ha querido Gray, que sus amantes, sean una metáfora de lo que se ha denominado postmodernismo, con todas sus crisis de identidad, su sociedad del consumo y los efectos de fascinación de los medios de comunicación? ¿Somos nosotros mismos un vacío que no se llena? ¿Nuestras relaciones son así de sórdidas y al final nos quedamos con el que es más cómodo?