Ayer por la noche, en medio de una fuertísima lluvia al más puro estilo chuquta, entré a la Cinemateca Boliviana a ver la tan esperada película Escríbeme postales a Copacabana dirigida por el alemán Thomas Kröntaler.
La historia trata de tres mujeres que, por distintas vías, intentan encontrar la felicidad y, de alguna manera, el lugar en el mundo que están destinadas a ocupar.
La forma en la que esta narrada es sencilla y tradicional, con un principio, desarrollo y final expuestos de manera temporalmente ordenada. Formato tradicional que en el cine nacional y mundial es muy común y efectivo sobre todo cuando es planteada desde la elaboración del guión y no como sucede en otra película boliviana estrena este año, Hospital Obrero, donde la edición y la formula resultan ser un experimento con malos resultados. Con respecto a esto, existen excepciones interesantes en el cine nacional como La nación clandestina de Jorge Sanjinés y Memento de Christopher Nolan en el cine internacional.
Quizáz el toque más llamativo de la película sea el uso de metáforas visuales. Llegando a ser una película que tiene muchos elementos del realismo mágico distintivos de la letra de García Márquez y del cine de Kusturica. Estos espacios en el film son una especie de sueño que permite divagar entre la realidad y la fantasía, siendo filtros semi permeables que contribuyen en gran parte a crear una atmósfera.
La fotografía es quizá el elemento técnico mejor logrado. Sin embargo, y quizás mi “bolivianidad” no me permita ser rigurosamente objetiva en este análisis, creo que es muy difícil hacer una mala fotografía en lugares tan majestuosos como el lago Titicaca o el camino a los Yungas.
Por otra parte el sonido tiene varios problemas técnicos sobre todo cuando se hace el doblaje. De igual manera, muchos de los ambientes carecen de profundidad.
La actuación también tiene algunos problemas. Sin embargo, vale la pena destacar la participación de Agar Delos (Elena) que acertadamente recurre muchas veces más que al diálogo a la expresión física para transmitirnos buenos momentos. Me pasa todo lo contrario con Carla Ortiz (Rosa) que termina siendo muy teatral, llegando muchas veces a la exageración. El resto del elenco podría definirse como “tibio”.
Escríbeme postales a Copacabana es una película visualmente rica, narrativamente interesante y emocionalmente efectiva. Debo admitir, sin embargo, que sentí un tanto de pena al ver como nuestras historias son contadas por ajenos debido a que nosotros somos demasiado pobres para hacerlo.