A partir de la apropiación de un espacio mítico de la cuidad de La Paz como es el Hospital Obrero, (que es precisamente el nombre de la película) Germán Monje construye un especie de rompecabezas idóneo para hablar sobre la muerte, la amistad y la cuidad. El cineasta se adentra en un cuarto del hospital para encontrar, a un ex entrenador de futbol, a un gordito bonachón y a un camba que busca el perdón de su hija, todos ellos enfrentándose contra el enemigo más temible del hombre: la muerte.
Hospital Obrero no sólo es filmada en blanco y negro porque la locación principal así lo exigía, por supuesto, en un Hospital todo se impregna de blanco, sino también porque ese es de alguna forma el color de la nostalgia. Nos lleva a otros tiempos, como cuando vemos una película antigua y llega a nosotros un cierto estado de ánimo. Es eso: la película nos invita a recordar, saliendo apenas del espacio cerrado que nos propone Monje, una ciudad de antaño, esa que anhelan los personajes de la película, con sus bailes, fiestas de barrio, la rememoración de esos titanes del fútbol con apodos bastantes peculiares y las eternas y picarescas rivalidades entre estronguistas y bolivaristas, que no se parecen en nada a lo que nosotros (los que nos creemos modernos) hemos visto y sentido en nuestra ciudad, que es la misma, pero es otra.
Monje ha entrado al cine como montajista y por supuesto, su reflexión sobre la cuidad de La Paz también tiene que aparecer en la estructura del rompecabezas de imágenes que nos propone. Si el tema es el recuerdo, la rememoración, está claro que la mejor forma de contar la historia era de adelante hacia atrás, de lo más reciente a lo más antiguo. Monje juega con el tiempo, desde los primeros planos de la película sabemos cuál es el fatal destino de los personajes (no por nada están en un Hospital), internados hacia ya mucho tiempo y justamente a estos, no les interesa tanto el futuro (ni a los espectadores) porque ahí, simple y llanamente no hay nada, sólo la muerte. Facíl es saber pues, porque la película y los personajes se entusiasman tanto por los recuerdos, porque es ahí donde (para ellos) se guarda la vida. La historia va de adelante y hacia atrás, porque de eso si estamos seguros que hay algo y nos sentimos felices de ver el pasado, adelante, todo es incierto, todo es una mera angustia.