Ciertamente, hay muchas películas que tratan sobre el apartheid y sobre la presidencia casi heroica de Nelson Mandela. Sin embargo, en Invictus Clint Eastwood logra presentar, gracias a su particular estilo, algo nuevo en la historia ya sabida. El veterano director, logra mostrar el apartheid de una forma nueva, sin la violencia tanto física como psicológica que implicaba, sino más bien, a partir de otra esfera que se aleja a su modo de la política: el deporte, más específicamente, el rugby.
En Invictus encontramos un planteamiento parecido al que ya habíamos encontrado en una película anterior de Eastwood: Gran Torino. En esta película, Walt, termina sus prejuicios contra los asiáticos cuando reconoce que ellos son efectivamente sus vecinos y que después de todo Walt y los asiáticos tienen valores parecidos. Pero para llegar a esta constatación, Walt tiene que convivir con ellos, es decir, el “apartheid” entre un veterano de guerra y unos hmong que invaden el barrio, sólo se supera gracias a la vida cotidiana, en la constatación de que ambos tienen ciertas aspiraciones similares.
En la secuencia inicial de Invictus, a partir de un montaje paralelo, vemos a un equipo de blancos jugando rugby y al cruzar la calle, nos encontramos con unos jóvenes negros jugando fútbol. La dicotomía blanco/negro – rugby/fútbol se repite varias veces en Invictus. Los negros no entienden sobre rugby y los blancos se entusiasman. Rápidamente entendemos que el apartheid también tiene que ver con el deporte, el rugby entonces, termina siendo el símbolo por excelencia del racismo contra el negro.
En Invictus, el apartheid ya eliminado de la constitución sudafricana, necesita una pequeña ayuda para desparecer por completo. Mandela, en la película, tiene el reto de juntar a los negros y a los blancos. Pero el no destruye los símbolos que representa el apartheid, en este caso, el equipo de rugby, sino que simplemente, intenta que cambie de significado. Lo que busca Mandela, es reconocer que el equipo de rugby representa a una nueva nación y que por tanto, es aspiración de todos el que salgan campeones de la copa del Mundo.
Así, vemos que en las dos películas, para Eastwood, las diferencias raciales no se acaban sólo gracias a políticas hechas para ese fin sino que también hay otras esferas para el cambio de actitud de las personas. Si bien en Gran Torino, la tesis llega a tomar mucha fuerza por tratarse de una historia individual, en Invictus a veces la proposición tiene cierto tono de ingenuo, viendo a un Mandela ocuparse en sobremanera por la actuación del equipo nacional de rugby.
Habíamos dicho más arriba que el rugby sería deportes de blancos, mientras que el fútbol sería de negros. La película nos narra un momento especial del gobierno de Mandela: la copa del mundo de rugby. Invictus llega a las salas en la víspera de otro mundial, esta vez, del deporte de los negros. ¿Será que Eastwood nos está proponiendo hacer una relectura de la situación en Sudáfrica una década después de Mandela?