La realidad paralela permite a la imaginación construir un mundo que ya no responde a lo cotidiano, sino más bien a lo extraordinario. La maquinaria que produce este tipo de historias se apoya en toda clase de elementos externos para poder diseñar los escenarios ideales que contribuyan al desarrollo del puro entretenimiento.
En Iron Man 2 de Jon Favreau, la carrera armamentística de los Estados Unidos es el centro de atención: es desde ahí que se derivan una serie de trabas que contribuyen a generar el conflicto. Se trata pues, de amenazas internas y externas que permiten ubicar el centro del poder, que en este caso se encuentra en quien posee el arma secreta. Ya no se pretende encontrar al súper héroe: en esta oportunidad, se busca aquello que hace de este hombre un ser que controla la paz mundial.
Stark es una compañía que se jacta de ser la más importante en el mercado de armas. Creada por el padre del protagonista del film, la empresa es una figura que se sobrepone ante la competencia. De este modo, la humanidad ocupa un segundo plano, ya que es más importante la firma que los trabajadores. La máquina se convierte en el enemigo bajo el control de las fuerzas del mal, que en Iron Man 2 están sujetas a la audacia de Ivan Vanko, un personaje oscuro interpretado magistralmente por Mickey Rourke.
En la película se presentan dos generaciones de hombres dedicados al desarrollo de la tecnología armamentística: Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Vanko. El primero goza de todo el prestigio que otorga el ser americano, el segundo de todo el peso que conlleva el espionaje ruso, la amenaza constante de la figura del extranjero y la coraza del resentimiento. Ambos son hijos de los creadores del arma secreta, los dos reconocen el trabajo de sus padres, la diferencia está en que uno prefiere el caos y el otro quiere mantener las cosas tal y como están. Para Stark, la gran verdad está en poder conseguir que ya no sea el Estado quien pueda mantener la paz, y para Vanko la razón de su vida responde a la necesidad de acabar con el enemigo, anteponiéndose una necesidad personal por sobre lo colectivo.
¿Por qué no vendiste el secreto a Pakistán o Corea del Norte?, pregunta Stark a Vanko. No hay respuesta, y sin embargo todo está dicho: ya no se trata de la figura de la amenaza nacional sino del peligro individual. El enemigo ya no responde a una bandera, sino a una consigna. Esta situación se contrapone a la noción de ficción y realidad mostrándonos que los miedos ahora son otros.