Hay un imaginario muy interesante del extranjero sobre lo que se denominó el proceso de cambio en Bolivia y la película Kollasuyo, del director brasileño Pedro Dantas es un ejemplo perfecto de este imaginario visual, porque es la síntesis de varias características que ya habíamos visto en películas de este tipo, como Pachamama de Erik Rocha o El comienzo fue en Warisata de David Bustos Izquierdo.
Empecemos hablando de la estructura: Kollasuyo trabajaría una estructura que podríamos llamar, siendo algo simplistas, dialéctica. En el montaje constantemente se intercalan dos tipos de imágenes: la primera trabaja con todos los mitos que nos ha dejado la teoría de la dependencia: el país rico en recursos naturales pero explotado por intereses extranjeros o la famosísima historia del Cerro Rico de Potosí (que incluye, referencias burdas al Tío de la mina). En fin, esta primera parte es la historia de la miseria, se explota la pobreza para intentar desesperadamente arrancar una emoción o una seudo-conciencia social al espectador. El segundo tipo de imágenes, nos muestra la otra cara de la moneda, la cuidad “moderna” (habría que ver, hasta qué punto La Paz puede ser considerada como un prototipo de la modernidad) y todas sus ventajas y comodidades. Esta ruptura, por supuesto termina en “la guerra del gas” y en el derrocamiento de Gonzalo Sanches de Lozada. En el culmen del conflicto, como solución necesaria, como síntesis de la dialéctica, aparece la figura mítica de Evo Morales. La imagen de Evo, funcionaría en el film como el síntesis de las dos imágenes, el fin de la ruptura y el comienzo de la esperanza (a Evo, lo vemos de abajo hacia arriba y atrás un bellísimo cielo, casi como una imagen bíblica, acompañado de intertítulos que hacen dar cuenta de los avances de su gobierno).
Esta estructura dialéctica ya la habíamos visto en Pachamama, en donde los diferentes países que visita Rocha, serían etapas de la revolución indígena, siendo Bolivia la última, la culminación de la dialéctica. Vemos entonces, que en el imaginario de los dos brasileños (Rocha y Dantas), existe la idea del “indio, explotado, luego revolucionario”, que se encarnaría de una u otra forma, en la figura del presidente de Bolivia. Hay que hacer notar sin embargo, que Rocha afirma su pretensión de búsqueda, su película no impone nada y simplemente busca entender los procesos sociales que hay en América Latina. Dantas en cambio, tiene ciertas pretensiones de verdad, que simplemente son insostenibles por varias imprecisiones históricas (o más bien, por el intento de relacionar fenómenos muy dispares entre sí, haciéndolos pasar como consecuencias lógicas el uno del otro), un montaje cercano al videoclip y un acercamiento a la gente irrespetuoso (pienso por ejemplo, en un travelling en donde se filma una potosina que le pide una moneda a la cámara y esta se pasa sin hesitar , plano que tiene cierto aire a anécdota).
En El regalo de la Pachamama del japonés Toshifumi Matsushita, habíamos visto una evolución de lo que se denominó en los años 70 como la “porno- miseria”: es el “Bolivia for export”. En este film, se muestra un país mísero, pero pintoresco, para un público que le gusta lo exótico pero que no está dispuesto en profundizar en los procesos de los diferentes países. Kollasuyo, funciona de la misma manera, se toman los mitos bolivianos fácilmente exportables (indígena, revolución, Cerro Rico, Tío, Evo, etc…), combinado con una o dos tradiciones mal entendidas, no para lanzar una tesis sobre lo que se vive aquí y mucho menos para entender los procesos históricos, sino simplemente para entretener a un público superficial y así ganar uno o dos premios en los países de origen de los directores, de forma rápida y sencilla.
Es la labor de la crítica en Bolivia, denunciar esta forma de hacer “cine”.