El cine italiano ha creado tendencias diferentes: el neo realismo es quizás la más importante y reconocida, sin embargo, se han desarrollado subgéneros cinematográficos propios como el giallo, una exaltación del suspense y el terror. Las películas inscritas en este estilo tienen uno de sus más grandes exponentes en la figura de Dario Argento (El gato de las nueve colas, 1971) y su auge entre los años 70 y 80.
En La desconocida, Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso, 1988) recupera el giallo y pone en vigencia sus códigos y formas. Además, vuelve al cine italiano clásico con escenas que nos recuerdan a Pasolini, quien sin estar inscrito en este subgénero trabajó el suspenso y desnudó a sus personajes de una manera asombrosa y ácida.
En la película de Tornatore, la vida de una mujer (Irena) es retratada con un manejo sorprendente del flash back: una migrante ucraniana en Italia recuerda constantemente el pasado y nos permite reconstruir su historia a partir de sus traumas. Tornatore vuelve a sus personajes infantiles como catalizadores de la trama (Malena, 2000) y, en este caso, una niña (Thea) es quien mira el mundo de los adultos sin verlo. Ella es víctima del entorno familiar adverso y de las condiciones propias de un mundo-burbuja diferente.
La migración es presentada desde un punto cero, opuesto al que el cine europeo de la última década nos ha propuesto: Irena vive su desgracia, que no ha acabado, oponiéndose a que la vida pase sin que la pesadilla acabe. La violencia de un mundo contemporáneo es exaltada a lo largo de La desconocida y el sentimiento de empatía con el personaje principal es cuestionado constantemente.
El film se constituye en la reiteración de símbolos que nos recuerdan que de alguna manera hay un recortar el tiempo que nos hace, conscientemente, espectadores voyeristas de una acción que se sucede en esa distancia propia que se crea entre el público y la pantalla: el director siempre nos está ocultando algo. Las tijeras, elementos que aparecen constantemente en la película, nos recuerdan que hay algo por dejar fuera de la escena, fuera del tiempo mismo que se nos propone de acuerdo al desarrollo de la trama. Las espirales juegan a ser el infinito de una repetición de huídas inconclusas, ese algo que detona toda acción nos lleva a otra cosa y siempre termina cerrando aquello que parece externo a la vida de cada uno de los protagonistas.
Tornatore tiene un cómplice en todas sus películas: el compositor Ennio Morricone, que en La desconocida no defrauda y agudiza nuestros sentidos para ponderar una experiencia musical diferente cuando vemos la película. El film que está ante nosotros muestra la madurez de un director de destacada trayectoria y propone una reflexión profunda sobre el ser humano.