La Maldición de Rocha (Bolivia, 2008) de Roberto Carreño Borja es un cocktail de estilos y formatos técnicos audiovisuales que van desde el suspenso (línea madre de la historia) hasta la comedia, combinando la animación digital con la mística propia de la Villa Imperial de Potosí. Es esta una película que narra la historia de amistad cuyo motor es la ambición.
Durante la restauración de una vieja casona potosina un albañil encuentra un esqueleto, que lo desmaya de la impresión, y junto a él una pequeña caja. El arquitecto Manuel López (Julio Martínez) quien está a cargo de la obra, se hace responsable de tan extraño hallazgo, que promete aventuras y fortuna. Miguel Ángel Caballero interpreta al dueño de un anticuario al que Manuel lleva la caja para saber de qué se trata. Estos dos personajes que sostienen la historia son una combinación arquetípica de las películas cómicas de la industria cinematográfica americana, uno de ellos medio bobo y el otro seguro de poder controlar las inusuales situaciones, sin que esto sea del todo cierto. Una pareja simpática que en el humor criollo encuentra cobijo y puede ocupar un espacio en el imaginario de nuestros personajes cinematográficos contemporáneos.
Una serie de pistas que Diego Flores (Miguel Ángel Caballero), experto en temas coloniales y aprendiz de viajero, descubre con pericia, llevan a la pareja por paisajes remotos, templos católicos suntuosos que los españoles han dejado en estas tierras y un viejo palacete cercano a la capital de Bolivia, Sucre. Es tal vez nuestra tradición barroca la que vuelve lenta a la trama, demasiados detalles que más que ayudar al natural curso de la historia la alejan del espectador. Un exagerado gusto por mostrar todo, sobreexpone un cine en construcción que, sin embargo, con esta película pone en el mapa de la producción audiovisual boliviana a Sucre y Potosí.
Con sus debilidades y aciertos la opera prima de Carreño Borja y su joven equipo de realizadores y productores, se esfuerza por mostrar que es posible seguir soñando. El camino es suyo, de ellos depende que nosotros podamos abrir los ojos a un país que se extiende de norte a sur y de este a oeste.