Los Abrazos rotos representan, ante todo, un momento de consolidación de la reinvención de un director a quién se le exige mucho más que a otros colegas. Almodóvar ha sabido construir su propia historia a partir de su fructífera y reconocida carrera, donde se apuntan títulos imprescindibles para la cinematografía contemporánea mundial.
Protagonizada por Penélope Cruz (Lena), una de las chicas Almodóvar más requeridas del momento, la película cuenta la trágica historia de un director de cine que queda ciego luego de un accidente automovilístico. La vida de Mateo (Lluís Homar) se quiebra ante la realidad de la vida y decide cambiar de nombre, hacerse guionista y dejar atrás su tormentosa historia de amor y creación.
Durante el rodaje de Chicas y maletas, Mateo se ve envuelto en un romance peligroso que responde al amor a primera vista tan sobreexpuesto en los filmes clásicos de romance y aventura. Él comienza a explorar los riesgosos caminos del engaño y la presión externa, encarnados en este caso, por el productor de la película que a su vez es la pareja estable de Lena. En un arranque de celos, el empresario Enrique Martel (José Luis Gómez) decide asumir la producción de la película y, además, hacer que su hijo registre absolutamente todo lo que sucede en el set de filmación, un back stage que se transforma, en Los abrazos rotos, en una de las tramas paralelas más interesantes.
El director manchego nos seduce una vez más con dos escenas de un valor estético absoluto, la primera sucede cuando Lena le confiesa a Martel su infidelidad doblando su voz ante la proyección de una de las cintas que su hijo ha filmado, logrando así una emoción diferente a la propuesta global del film. La otra escena inolvidable es aquella en la que Mateo se enamora de la última imagen de Lena sin verla. Ambos momentos le dan un valor mucho mayor al rol de Ray X (Rubén Ochandiano), quien desencadena la búsqueda de los recuerdos en el principio de Los abrazos rotos.
Almodóvar se distrae en las formas barrocas de su narrativa, múltiples situaciones se reproducen en la intención de convencer al espectador de que su estilo no ha cambiado. Constantes homenajes al cine se evidencian no sólo en los personajes sino también en los diálogos que refuerzan lo que vemos, la fotografía de dos amantes en la playa nos devuelve a Blow up de Antonioni y la presencia de Te querré por siempre de Rosellini, son guiños ineludibles. Además, hay que apuntar, que Chicas y maletas nos lleva a recordar Mujeres al borde de un ataque de nervios, esto puede ser leído como un homenaje consciente a su propia obra.
Sin embargo, una película es un todo, y hay que reconocer que Los abrazos rotos, no consigue ser una propuesta pareja, siendo esto un detalle que va en desmedro de todo el film. Quizás estamos ante una película de iniciación para el mundo almodovariano destinado a despertar el interés en nuevos públicos, que sin duda pueden quedar sorprendidos ante el talento de este director, pero no convence al espectador que ya conoce su obra, o es que acaso pretendemos ver la misma película de Almodóvar cada vez que nos enfrentamos a una nueva producción suya.