Publicidad

Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Editorial Críticas REC Fotograma bolivia Biblioteca La movida Foto reportaje Tira cables El cuarto oscuro Descartes La moviola Quienes somos Contacto
     
 

La nación clandestina

Volver a críticas  
         
         
    Porque van 20 años… Franchesco Díaz Mariscal    
   

A Patricia Suárez y la memoria de Beatriz Palacios

 

No resulta sencillo abordar, tras dos décadas del suceso, una película que marca un punto de inflexión en el cine boliviano como La Nación Clandestina de Jorge Sanjinés. ¿Hacerlo desde el punto sociológico, como en su momento hicieran otros análisis, incluido el magnífico de Leonardo García Pabón en La Patria Íntima? ¿Mirarla, por otra parte, desde el aspecto narrativo al que estamos más ligados, cual en su momento hizo, entre otros, Pedro Susz? ¿O acercarnos más bien desde una perspectiva general, como quien hace o intenta hacer una remozada lectura a dos décadas de su estreno y del galardón en San Sebastián? Optaremos por esta última.

 

 

La Nación Clandestina, séptimo largometraje en la filmografía de Sanjinés, se "come", por así decir, cerca de 40 años de la historia nacional, desde el momento en que Sebastián Mamani (Reynaldo Yujra) es entregado por sus padres a sus padrinos, quienes se lo llevan a la ciudad, hasta que emprende el retorno a su comunidad Willkani en pleno golpe militar de Alberto Natusch Busch, en noviembre de 1979. Con guión del propio realizador, el periplo de retorno de Sebastian concluirá con el baile de la danza ritual del Jacha Tata Danzanti que Sebastián baila hasta perecer, única manera de volver a ser aceptado y reinsertarse en Willkani.

 

 

Sebastián Mamani (o Maisman, como se ha cambiado el apellido obligado por la discriminación citadina) pasa por diversos oficios: soldado, agente de segundo rango en los servicios de seguridad de los regímenes de turno, mallku de su comunidad –donde es expulsado por engaños– y carpintero constructor de ataúdes. Con un constructo narrativo que basa su estructura en las secuencias del presente que muestran la decisión de Sebastián por retornar a su comunidad luego de que estalla el golpe de Natusch y los días inmediatos posteriores, intercaladas por distintos viajes al pasado o flashbacks que van mostrándonos diferentes momentos de su existencia, ligados asimismo con otros tantos momentos trascendentes de la historia contemporánea del país, La Nación Clandestina retoma la empresa del héroe –por así decir, aunque este más se aproxima al antihéroe que consigue la categoría anterior sólo cuando consuma su muerte redentora – que debe bregar contra las circunstancias (el bloqueo de caminos por parte de los mineros y los controles que pretenden ejercer sobre estos los militares) para poder retornar al único lugar donde le será posible encontrar la paz interior y la dicha.

Sin embargo, este regreso no es del todo calmado. A más del encuentro con los militares –que terminan dejándole ir porque es sólo un "indio bruto" y ellos andan buscando a un "peligroso extremista"– y con el joven estudiante universitario –una de las caricaturas menos afortunadas en el filme, aunque no por ello carente de referencias en la realidad– que le pide su poncho para intentar una subsistencia desesperada, Sebastián va confrontando asimismo sus fantasmas interiores, que aparecen como segmentos de recuerdos en distintas partes de su caminata hacia Willkani. Este "mirarse al ombligo" quizás sea uno de los aportes implícitos más interesantes, pues no es algo a que los bolivianos seamos proclives, acostumbrados más bien a culpar al otro –sea una persona o las circunstancias, según el caso– por las desgracias y vicisitudes que pasamos en vida. Quien piense lo contrario, arroje la primera cáscara.

Intuimos –nunca intentamos siquiera preguntar, pero algunas pruebas las hay recogidas en un par de textos y otras vivencias espontáneamente comentadas– que la producción de La Nación Clandestina fue un muy interesante reto, por las secuencias en distintas laderas, la intervención del protagonista en una entrada folclórica y su posterior farra –ambas al parecer recreadas en el desaparecido Garaje Romero de La Paz–, o la filmación en la comunidad de Willkani. Todo pasaba por el filtro y selección previas de Beatriz Palacios, quien tenía la película tan clara como el realizador y hacía las escogencias atinadas para cada secuencia.

El despliegue de la cámara es magistral, con nada o muy poco observable, convirtiéndose asimismo en una copartícipe de lo que se narra, inmiscuyendo al espectador en las situaciones que cada plano secuencia refleja. Queda para el recuerdo el ensayo de horas antes de filmar la pelea/despedida de Sebastián en su taller, cuando le deja este a su aprendiz y decide marcharse a su comunidad para morir bailando –vaya metáfora hermosa.

En fin, son ya dos décadas de la película de lejos más significativa dentro de la filmografía boliviana. En lo personal, debe ser el filme nacional que más he visto e incluso analizado, llegando fácil a la decena de veces. Y cada vez me remite, como quien no quiere la cosa, a la primera vez: en una atiborrada Cinemateca –en la Pichincha, no en el glamoroso local actual–, luego de una cola de horas y gracias a que Pedro Susz me conocía porque me chachaba de clases con todo y uniforme para entrarme a ver pelis, sentado en una improvisada silla en lo que sería la fila cero, alucinando con la música y ese bailarín que todavía me conmociona. Debe ser porque esa nación clandestina, con todo y los cambios sociales que se vienen dando en el país, no ha terminado de sentar su presencia ni integrarse con los otros habitantes del país (o Estado, como prefieran) para hacer uno solo.

   
   
Tags: Jorge Sanjins Franchesco Díaz Mariscal cine boliviano La nacin clandestina
Compartir
   
         
         
 
    Franchesco Díaz Mariscal
La Paz, 15 de noviembre de 1972. Comunicador, videasta, periodista, crítico de cine, guionista y docente universitario. Magíster en Guión, Universidad de Bergen (Noruega) y Escuela Internacional de Cine y Televisión (Cuba), especialidad Ficción. Ganador del XVI Concurso de Guión “Amalia de Gallardo”, 2005. Consultor en Guión (Script Doctor) de las películas bolivianas Día de Boda (2008), Historias de Vino, Singani y Alcoba (2009) y Transición Mortal (2009).
 
         
 
 
         
  Comentar:  
   
     
   
         
 
Biblioteca Foro Biblioteca
 
         
  Título original: La nación clandestina
Género: Drama
País: Bolivia
Año: 1989
Dirección: Jorge Sanjinés
Reparto principal: Reynaldo Yujra, Delfina Mamani, Orlando Huanca, Roque Salgado, Julio Baltazar, Willy Perez, Percy Brun, Victor Condori, Luís Severich, Zulema Bustamante, Juan Carlos Calcina, Félix Quisbert G., Tatiana Mancilla, Luís Gonzales,
Música: Cergio Prudencio
Fotografía: César Perez
Guión: Jorge Sanjinés
Producción: Grupo UKAMAU
Duración: 152 min.
 
         
 
       
           
 
           
 
 

 
 
 
Bienvenido:
Editar Cuenta
Cerrar sesión
 
 
 
 
       
Editorial Críticas REC Fotograma bolivia Biblioteca La movida Foto reportaje Tira cables El cuarto oscuro Descartes La moviola Quienes somos Contacto