El cine miserabilista condiciona la mirada del espectador desde el vínculo sentimental y complejo de culpa que se despliega de la miseria, cuando ésta, de alguna manera, nos afecta, ya sea porque desgarra las diminutas partículas de humanidad que aún nos quedan o porque genera empatía con nuestra propia vivencia, o incluso porque aterra la sensación de saberse cómplice directo o no de una historia similar.
Como otras tantas cosas es el genio de Chaplin quien introduce la miseria al cine, que también podríamos denominarlo cine desolado o sórdido, atendiendo al marginado, al rechazado del sistema a los desplazados de la historia, y a Precious de Lee Daniels podemos inscribirla en este subgénero. No tanto por la miserabilidad puesta en escena, sino por el humor con el que se va humanizando la condición de la miseria y que permite sostener un relato plagado de situación cómicas.
Tanto es así que en Precious asistimos a un coctel entre la narrativa videoclipera de sello MTV y a la conjunción de ese cine indie gringo, donde los fundidos, la cámara en mano y la frescura de actores noveles siempre al servicio de un historia conmovedora como la de Clarise Precius Jones ponen en actualidad una historia de edulcorada superación.
Precious, nuestra heroína, quien nos narra en off sus sueños contraponiendo a esto su realidad, cuenta que quiere salir en televisión y tener un novio blanco, al tiempo en que recuerda su violación, su analfabetismo y el descubrimiento de un sistema social que la ha expuesto a soñar y padecer esto. Pero Precious no se circunscribe a la adolescente soñadora, sino que su vida es dolorosamente patética: su padre la violó, no sabe leer, su madre la odia porque su marido se fijó en su hija y, además, es obesa.
En esta situación el director Lee Daniels construye dos universos: el de la realidad de Precious, donde se va desarrollando su liberación, donde se exponen sus recuerdos, su madre, la revelación de que el amor no es humillación;y el otro universo paralelo, el efectista y acelerado, pop y videoclipero, donde los sueños de Precious nos son revelados. El montaje entre los dos bloques, entre las secuencias de realidad con las secuencias de los sueños de Preciuos, permite condicionar el efecto sobre el espectador, donde el bloque de realidad tiene un efecto devastador.
Esta manipulación de Lee Daniels, que condiciona nuestra mirada, después de ver una secuencia de video clip donde nuestra heroína sueña y es feliz, es interrumpida por la realidad, por un golpe de ese universo del que Precious quiere escapar, su madre, la escuela, los recuerdos. Es así que Daniels hace de Preciuos una película donde la miseria se puede tornar soportable por las dosis de humor que le imprime y a su vez por la puesta en escena y el montaje de un universo paralelo donde Precious nos recuerda al igual que Chaplin que en la miseria la humanidad se potencia.