¿Qué es el cine en Bolivia? Esa es la pregunta que uno se formula al salir de la sala, luego de ver la película Sirwiñakuy de la directora estadounidense Amy Hesketh, producida y protagonizada por el boliviano Jac Ávila. Así de dramático se presenta el panorama cuando las luces se prenden y nos damos cuenta que algo falla en lo profundo de la propuesta: puede ser la tergiversación de conceptos o el poco profesionalismo con el que se aborda el hecho de realizar un film en el país.
Cuando Sirwiñakuy comienza se aclara que el título de la película no es casual, sino que responde a un vocablo aymara que se utiliza para denominar a una pareja que vive en concubinato, una figura que es socialmente aceptada y que representa un tiempo que la pareja destina a conocerse y reconocerse, para aprender el uno del otro, es un momento donde todo está a prueba. El sirwiñakuy - en el área andina – representa un código social donde se acepta que la mujer y el hombre vivan juntos; así, cuando vemos Sirwiñakuy sabemos que nuestro diálogo con el film está sujeto a la representación de un acto socialmente aceptado.
Sin embargo, lo que estamos a punto de presenciar está muy lejos de un amor puro y sincero, ya que el guión propone una situación límite de sadomasoquismo, de violencia y machismo retrógrada (que aún se manifiesta en lo profundo de las relaciones sociales bolivianas), sin cuestionar nada de lo mencionado, sino aceptando todas estas situaciones, reproduciendo desde la pantalla las formas oscuras de sumisión, alimentadas por una extranjera (Anouk, la protagonista francesa de la cinta) que admite sin reproches el drama de las mujeres víctimas del maltrato.
Muchas cosas se pueden justificar en nombre del arte, pero la representación de la violencia como algo que se acepta en silencio es algo que en este país no podemos pasarlo por alto, los índices de violencia familiar son alarmantes y la reproducción de estos actos quitándole el peso social que implica ser víctima es algo que debería alarmarnos. Por las condiciones en las que se realiza una película en Bolivia, es cuestionable que se invierta tiempo y dinero en desmitificar lo inhumano que representan los golpes y vejámenes contra mujeres y hombres. El cine nacional parece no haber conciliado sus tareas y pretende, desde miradas cubiertas bajo el slogan de independiente, confundir al espectador y llevarlo hasta el extremo de mal entender un hecho cultural como el sirwiñakuy.