El ejercicio documental deudor de la etnografía y el periodismo, supone su rigurosidad en el uso de fuentes, datos y especificidad temporal y geográfica, puesto que estos elementos ponen en situación al espectador y le permiten estar de acuerdo o no con la tesis del autor. En el caso de este documental dirigido por Fernando Martínez ocurre lo contrario.
Con un formato que hereda ciertos gestos del documental institucional, la propuesta de Martínez apuesta por la reivindicación de la diferencia, moldeando las imágenes desde una provocadora abertura: al principio, pareciese que la película va a explicarnos con cierto rigor investigativo las razones que llevaron a la popular transnacional fuera del país. Sin embargo, la película tarda poco en llevarnos por otro camino, donde los gestos nacionalistas, en la figura de la gastronomía boliviana, son fundamentales.
El moldeado de las imágenes repercute notablemente en el primer bloque del filme sobre la tesis del autor, que es poco problematizada por la presencia de cocineros, comensales e investigadores que se repiten hacia un final un tanto predecible: que la comida Bolivia es deliciosa y culturalmente rica y que este factor, por asociación, es el que devino en el retiro de la vilipendiada transnacional.
Por otra parte, la continua elección por el testimonio deviene, a momentos, en cierta visión publicista del realizador con respecto a la comida (la boliviana y la otra, la de Mc Donald´s).Así, esta película, que será parte de la selección de este año del Festival de Cine de San Sebastian en España, parecería consolidar un “nuevo cine boliviano”, aquel que hace de lo nacional y la diferencia su tema, del artificio su ética y de la publicidad su estética.