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Transsiberian

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    Transsiberian: la vigencia de la guerra fría Sebastián Morales Escoffier    
   

Con los cambios en el orden mundial, los imaginarios tienden también a cambiar. Hace veinte años, los lugares peligrosos, los "tipos malos" de las películas comerciales eran sin duda alguna los rusos. Poco a poco los espacios geográficos donde se alojan los ejes del mal se va un poco más hacia el medio oriente: se han cambiado los paisajes helados y los rostros blancos duros de soviéticos por desiertos y pieles morenas de árabes.

En cierto sentido y justamente por lo que acabamos de decir, Transsiberian es una película diferente por sus gestos anacrónicos. El director Brad Anderson se adentra, como hace 20 años, a imaginar una Rusia exótica, en donde todo, para un estadounidense promedio, se convierte en aventura. Si tuviéramos que comparar las películas, por ejemplo, de James Bond y el film de Anderson, caeríamos en cuenta del cambio que el personaje masculino ha experimentado en este tipo de historias. Después de la caída del la cortina de hierro, se supone que cualquier estadounidense puede darse un largo paseo de vacaciones-aventura por el famoso tren Transsiberiano: así pues, se ha reemplazado al super-hombre, super-inteligente, super-lindo, espía escoces-salvador del mundo, por un tipo que no tiene mucho de especial (lo que no implica, por supuesto, que al final no haga las acciones de héroe).

Los rusos aparecen nuevamente bajo el signo del mal, aunque esta característica no les impide rememorar con un hálito de terror su pasado soviético. Para complejizar el tono anacrónico que muy bien funciona (los rusos ya no pueden ser malos por ser comunistas), Anderson ensaya un abordaje de los problemas actuales de Rusia en la trama de su película. Ahora los personajes que representan el lado oscuro, se convierte en parte de la mafia, sádicos narcotraficantes, apoyados por policías corruptos.

Por otra parte, hay en este film un elemento que no hemos visto usualmente en otras incursiones de personajes estadounidenses en tierras rusas: la importancia del personaje femenino. Ellas son más inteligentes que ellos y son, finalmente, quienes resuelven la acción.

Anderson, director de la aplaudidísima El maquinista, trabaja en Transsiberian sobre los lugares comunes, retoma el tema de la guerra fría, sin arriesgar demasiado por un intento de rememoración, de recapitulación y superación de un pasaje terrible en la Historia de la humanidad. Lo que hace el director es actualizar el tema, reescribir el cuento ya conocido, y hacernos un guiño: en tierras rusas, no todas las películas son maniqueas.

   
   
Tags: Transsiberian Eduardo Noriega Sebastián Morales Escoffier
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    Sebastián Morales Escoffier
Crítico y realizador
 
         
 
 
         
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  Título original: Transsiberian
Género: Suspenso
País: España, Alemania, Inglaterra, Lituania
Año: 2008
Dirección: Brad Anderson
Reparto principal: Woody Harrelson, Emily Mortimer, Ben Kingsley, Kate Mara, Eduardo Noriega, Thomas Kretschmann
Música: Alfonso de Villalonga
Fotografía: Xavi Giménez
Guión: Brad Anderson, Will Conroy
Producción: Julio Fernández
Duración: 111 minutos
 
         
 
       
           
 
           
 
 

 
 
 
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