No por nada se considera a Kieslowski como el “maestro de lo simbólico”: todos los elementos de sus películas (el encuadre, los objetos, la música, cierta mirada, una lágrima o un movimiento de la cámara) funcionan como signos de algo - la mayoría de estos, oscuros y misteriosos - y alguno que otro que aparece con una aparente transparencia, pero siempre guardando su sutileza. La Cinemateca Boliviana organizó, en su sala del cinéfilo, una retrospectiva sobre este enigmático autor. Esta es sin duda una oportunidad para re-pensar el cine de Kieslowski.
Acerquémonos al comienzo de la trilogía Tres colores: Azul. Sin embargo, no dejemos de lado las otras dos partes: Blanco y Rojo, ya que la trilogía evoca a la bandera francesa y cada una de las partes tiene como tema central el lema de la revolución francesa: Libertad (Azul), Igualdad (Blanco) y Fraternidad (Rojo).
La libertad es azul. Julie pierde a su marido y a su pequeña hija en un accidente automovilístico. Todo el mundo lamenta la pérdida del esposo, puesto que era un gran músico que estaba componiendo la “Sinfonía de la unificación de Europa”, título que se hace trascendental en la trilogía. Julie se encuentra desesperada, todo le hace recuerdo a su esposo y justamente por eso decide comenzar una nueva vida, desaparece de la vista de sus amigos y vende la casa familiar. De la antigua vida sólo se lleva una cosa: un móvil azul.
Julie tratará de deshacerse de su pasado con su esposo, pero éste no quiere separase de ella, la busca, le pide cuentas. Aquí vemos la maestría simbólica de Kieslowski, su sutileza: el pasado vuelve como cierta tonada que se parece a la sinfonía de “La unificación de Europa” (no sólo hablo de un flautista callejero que se encuentra con Julie, sino también en la música extra-diegetica, que parece entrecortada), o como el encuentro fortuito con la amante de su marido o como ese móvil azul que no puede abandonar (de todos modos, en la paleta de colores de Kieslowski, abunda el azul, es decir, todo se tiñe con el recuerdo que Julie quiere negar).
La protagonista quiere liberarse de su pasado, pero este la sigue, la atormenta, no hay escapatoria. Por eso, la libertad es azul: sólo rencontrándose con su pasado va a poder llegar a liberarse de él. Pero en el pasado de Julie hay un fantasma que la persigue: una inconclusa (sinfonía de la) reunificación de Europa. Debe terminar la obra de su marido para, al fin, tener la certeza de que es libre.
¿Es esto posible? Kieslowski es agrio. Habría que analizar las otras dos partes de la trilogía para corrobórarlo, lamentablemente este espacio no nos lo permite. Vayamos directo a las conclusiones: en Blanco se postula que la igualdad es imposible, hay muchas rencillas, malos entendidos para llegar a eso; y en Rojo, la falta de comunicación (aún en plena era de las comunicaciones) hace que la fraternidad entre los hombre sea irrisoria.
En resumen: la libertad, la igualdad y la fraternidad son sólo un sueño. Para muchos, el proyecto de la modernidad comienza con la revolución francesa, que intentaba llevar a cabo el sacrosanto lema. En conclusión, este proyecto para Kieslowski ha resultado truncado: todos los esfuerzos fueron vanos. La secuencia final de Rojo es lapidaria: vemos a los personajes de toda la trilogía (que son de distintas nacionalidades europeas) juntos, en un naufragio, sin que ninguno de ellos sepa del otro. Ni siquiera la tecnología, el estandarte de la modernidad, ha podido llevar adelante su proyecto. Esto se hace claro en Rojo cuando en la escena inicial vemos un enorme travelling que filma conexiones telefónicas para llegar a los personajes de la película. Sin embargo, todos esos cables y tecnología no son suficientes para liberar de su burbuja de soledad a cada uno de los personajes.
La forma de trabajar de Kieslowski, con sus símbolos misteriosos y encuentros que se realizan en la imposibilidad o encuentros imposibles que se realizan en un manto de pesimismo, hacen que su obra consiga una consistencia en la ambigüedad, digna de los grandes maestros. La obra de Kieslowski es una obra para pensar y sobre todo para disfrutar, intentando armar ese rompecabezas de infinitas piezas que nos propone.