Edición Nº 60

La Revista

Criticas

Viejo calavera

 

Autor: Claudio Sánchez

Entre los años noventa del siglo pasado y esta primera década – y algo – del nuevo milenio, el cine boliviano tiene muy pocos ejemplos de películas que manifiesten un absoluto acto de amor al cine como lenguaje y forma, ahí está Cuestión de fe (Marcos Loayza, 1995) y Lo más bonito y mis mejores años (Martín Boulocq, 2005), por ejemplo.

El amor absoluto al cine se manifiesta en el dialogo con las tradiciones cinematográficas, en una cinefilia exquisita y en un respeto al trabajo que se realiza a favor de la creación de la película, entre otros tantos y a la vez tan escasos valores, este pensar el cine desde el cine es conocer el lenguaje del cine y saber desarrollarlo.

Con Viejo calavera (2016) el cine boliviano ha recuperado cierto aspecto de su tradición, que tiene relación con el lugar/espacio donde se forma el carácter de la “bolivianidad obrera” desde su aspecto social y político más visible y teorizado. La película vuelve a la mina, aunque muy pocas veces se haya estado en las minas.

La mina en el cine nacional es más una referencia que un escenario, pero es una constante, entonces se sostiene como idea a lo largo de nuestra filmografía con mucho más vigor desde los años del Instituto Cinematográfico Boliviano (1953-1964). ¡Aysa! (Jorge Sanjinés, 1965) es el ejemplo mayor de un cine de mina, aquí hay una conciencia social idealizada, una fotografía del sector social, una puesta en conflicto de la cotidianeidad de la vida en la mina. Bastantes décadas después, Socavón Cine como colectivo de producción presentan Juku (Kiro Russo, 2011) un cortometraje que alcanza su mayor logro con la fotografía que hace Pablo Paniagua al interior de la mina, este corto brinda desde su estreno una particular atención sobre el trabajo de Socavón Cine. Quizás aquí nazca esta alta atención sobre lo que irían a hacer quienes forman parte de este Colectivo, sobre lo que Kiro Russo estaba preparando.

El primer largometraje de Kiro Russo se llama Viejo Calavera y es una sorprendente opera prima. Esta historia apuesta por lo visual como un lenguaje absolutamente solvente y autosuficiente frente a la explicación verbal de los hechos que suele hacerse. Aquí la banda sonora es un elemento que equilibra todo el relato, lo que se escucha al interior de la mina tiene un sentido de claustrofobia que apoya la propia narración. Esta es una película de la oscuridad, que respeta el sonido que esta puede tener en el espacio físico donde se sucede la acción.

Esta es la historia de Elder Mamani, pero es también la propia historia de una generación desencantada de su realidad, Huanuni es un distrito minero de gran relevancia dentro de la lucha sindical de Bolivia, y es ahí donde se encuentra el personaje principal. Él es hijo de minero, pero no le interesa la mina, su familia como último recurso frente a su absoluto descarrío lo incorpora al trabajo al interior mina.

Elder Mamani es un joven que se ha dedicado al alcohol como una consecuencia de todo un mundo adverso que no le ofrece un sentido a su vida. El mundo del distrito minero no te ofrece mayores alternativas, esta primera huída en la secuencia inicial advierte sobre el escape que busca su personaje principal desde que esto empieza.

Aquí se inicia el escape. La película es el recorrido del personaje por este mundo de la oscuridad: la noche, el interior de la mina, la propia muerte. Es en estos escenarios donde Viejo Calavera se hace grande desde su fotografía, el encanto de filmar en la oscuridad y resolver de forma contundente el desafío le dan a la película uno de sus más significativos aciertos. Es incluso preciosista en muchas escenas donde el movimiento de cámara sugiere también un pensamiento, una idea, y entonces la película reafirma su capacidad de crecimiento multidimensional a favor de pensar el cine. Esta es la maravilla que ofrece Kiro Russo al resolver el guión de Gilmar Gonzáles.

Esta es también una muestra de cierta erosión de la sociedad boliviana en su concepción más clásica, aquella de cierta familia ideal o colectivo social organizado culturalmente o en torno a un oficio. No hay una referencia a continuar con un legado histórico, seguir por siempre siendo minero como una designación absolutista, sino más bien ser otro, aunque no se sepa quién se quiere ser.

Viejo calavera perfila una angustia general de su personaje, desde la desilusión de su tiempo, y esto le da un brillo diferente al relato. Es tan grande la falta de palabras que se hace más rica su lectura. Hay un metalenguaje que crece en esta oscuridad continua, y esto le brinda más capas de lectura al largometraje.

El director, su guionista y el fotógrafo han logrado una “santísima trinidad” renovadora del cine nacional poniendo una vara muy alta para su próxima producción. Aquí hay un quiebre de lo que se denominaba “el cine joven de Bolivia”. Estamos frente al mejor debut en la pantalla grande después de más de diez años.  Esta es la mejor experiencia cinematográfica del último tiempo.


VIEJO CALAVERA

Genero: Drama
Pais: Bolivia
Año: 2016
Direccion: Kiro Russo
Reparto: Julio César Ticona, Narciso Choquecallata, Anastasia Daza López, Rolando Patzi, Israel Hurtado, Elisabeth Ramírez Galván
Musica: Kano, Alessandro Marcello
Fotografia: Pablo Paniagua
Duracion: 80 min.
Guion: Gilmar Gonzáles
Produccion: Socavón Cine
Sinopsis:


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