Edición Nº 70

La Revista

Dossier

El otro cine boliviano crónica del sexto Vista Previa

 

Autor: Sebastian Morales Escoffier

Hay un cine boliviano que es proyectado en multisalas, de estrenos con alfombras rojas. Pero hay otro cine boliviano, uno menos condescendiente con el público, que experimenta con la imagen, que se esfuerza en desarrollar ideas a partir de la exploración de la cámara. Un cine que rompe con las jerarquías de producción, que no busca recursos (y no se queja de tenerlos). Hecho por cineastas que no necesitan grandes cámaras, que entienden que lo importante es la forma del filme y que saben que lo debe ser filmado sucede en lo cotidiano, en lo espontaneo. Es un cine que explora, que busca conceptos. Un cine digital que busca la rigurosidad (a pesar de Susz) lo que no es lo mismo que un cine rígido. Un cine que construye ideas en el acto de filmar. No es un cine perfecto pero que entusiasma. Un poco de este cine se ha visto en el sexto vista previa, organizado por el Festival Radical y la Escuela Popular de Cine libre, en el pequeño espacio del cine-club El Espejo (el proyectarlo aquí ya es una declaración de principios). La primera sesión fue dedicada a mostrar cortometrajes de los jóvenes realizadores: Daniela Arze Zuazo (Memorias de una noche de tormenta), Froilán Urzagasti Montero (Miradas encontradas),  Camila Perales (Abducción),  Miguel Alejandro Nina Pérez (Retratos en braille), Sofia Sevilla (Pasos), Sarjañani (Iverint Franco Lopez Churquina), Luis Velasco (Un sueño charro), Liv (Daniel Miranda Araoz).

Todos los cortometrajes tienen como rasgo común el de privilegiar la exploración de las formas en detrimento de  la narrativa. Esto conlleva a una reflexión, en algunos casos, del propio cine y en otros, de los propios realizadores. Son trabajos realizados con pocos recursos. En muchos de ellos, el equipo de trabajo se reduce a solo una persona. Se filma con celulares y sin la necesidad de luces. Es un cine que se construye sobre todo en el montaje, lo que implica que los trabajos son un constante work in progress. A su vez, es un cine conceptual, pero este concepto no antecede el filme, sino que se va a construyendo a medida que el proceso de filmación llega a su final. De ahí la importancia que recubre el montaje. Sin embargo, es verdad que en esta búsqueda a través del montaje, los cortos en ciertos casos,  llegan a ser muy similares a video-clips. Es decir, una sola canción va determinando las imágenes y el propio ritmo del montaje. Asimismo, aunque hay una fuerte intención de explorar con el cine, se nota en varios de los cortos, que les faltan trabajar referencias cinefilias. Estas exploraciones podrían ser más radicales con ciertos gestos cinéfilos que todavía falta construir. Una de las consecuencias de esto –algo que me hizo notar Juan Alvarez-Durán- es que no se piensa en los modos de exhibición de estas piezas audiovisuales. Para Álvarez, muchos de los cortos, justamente por su exploración sensitiva, son más apropiados para instalaciones. Esto es efectivamente así, aunque yo considero que la mayoría de ellos si son aptos para la pantalla grande

Un cine nacional muestra su fortaleza cuando es diverso. Sí, hay un cine de multisalas y alfombras rojas que hay que aplaudir por el esfuerzo que implica hacerlo. Pero también, se gesta entre estos jóvenes realizadores, estudiantes y egresados de diversas escuelas de cine, una búsqueda por renovar por otro lado el cine boliviano. Renovarlo pensando en las formas fílmicas y en otros modos de producción. Un cine posible e inteligente. 

La segunda jornada del sexto Vista previa estuvo dedicada al visionado de proyectos de largometrajes.  Los proyectos visionados fueron Volver a nacer (Alan Zambrana), Un tal chivo (Mel Balderrama Siles), Nosotros, los bárbaros (Juan Álvarez-Durán), Morir en tiempo perdido (Miguel Pattzi), De polleras (Hope Eyzaguirre) y Ovnis en Bolivia (Demian Abraxas).  Si bien no son proyectos que están en un estado avanzado en su producción, todos los directores tienen prevista el estreno de las películas para el 2018. 

Comunidad de aprendizaje

Las generaciones anteriores de cineastas son bastante reticentes a transmitir los “secretos” de su profesión. Este es tal vez una de las razones por las cuales no hay una tradición cinefilia fuerte en Bolivia. De ahí que un espacio como el Vista previa, en donde cineastas que están trabajando en su primera película (salvo el caso de Juan Alvarez-Durán que ha presentado avances de su tercera) se convierte en un espacio transcendental. El ver y discutir los trabajos en un estado inicial se convierte en una escuela,  puesto que todos aprenden de la experiencia de hacer y de recibir consejos útiles de gente que se encuentra en esa misma posición o de los espectadores. Hacer cine con los amigos La forma de producción de los filmes también dice cosas sobre el resultado final. En un país en donde las instituciones no se toman en serio la labor de apoyar los proyectos cinematográficos, hacer cine implica necesariamente producirlo con los amigos. Esto no es un síntoma de una falta de profesionalismo, sino más bien una búsqueda por compartir las experiencias en la filmación. Un poco siguiendo el modelo de Socavón, de manera un poco más inconsciente, los que ahora están realizando sus primeras películas, también cooperan en la producción de las de otros. Se trata de un gesto de generosidad, por el amor al cine. Reciclar imágenes Varios de los adelantos presentados ayer son películas de montaje, en donde se trabaja con mucho material de archivo y en el que los propios cineastas filman muy poco. Son películas en donde se busca poner en tela de juicio la imagen, interviniéndola, encontrando los discursos escondidas a partir de la combinación de las imágenes. Son filmes que en cierta medida hablan del lenguaje, de la forma del discurso y de su manejo “institucional”. Escribir con las imágenes. La mayoría de los filmes presentados son expresiones muy personales, realizados con equipos reducidos y en donde lo importante es pensar en la forma, más que en la taquilla o en enfocar la película en el mero hecho de narrar una historia.  De ahí que son filmes con procesos más largos, en donde se experimenta y el guion no necesariamente es una necesidad imperiosa (lo que no quiere decir que se improvise o no haya un concepto detrás). Es una búsqueda por escribir con las imágenes, más que con el texto escrito. Este es otro cine boliviano que tanto en los modos de producción (que rompe relativamente con le jerarquía propia del cine institucional), como en la forma, plantea una cosa diferente en relación a cierto cine hegemónico que de a poco se va consolidando con nombres como Loayza, Arancibia o los hermanos Benavides. 

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