Edición Nº 64

La Revista

Dossier

La expropiación de la memoria cinematográfica

 

Autor: Claudio Sánchez

Cada vez más preguntas y menos respuestas aparecen frente al hecho de lo que es el cine. Con una vida tan corta, algo más de 120 años, para algunos el cine ha agotado sus posibilidades en más de un nivel; y sin embargo la humanidad no ha perdido su capacidad de sorprenderse frente a las imágenes en movimiento que enfrentan bajo el denominativo de cine.

Más allá de las salas comerciales hay otros cines, las pantallas se multiplican infinitamente y cada vez más personas tienen acceso a otros tipos de contenidos que pueden ser considerados cinematográficos al haber sido hechos en el (los) lenguaje(s) del cine.  

Las cuestiones ahora tienen que ver con las formas de reproducción actuales en relación a lo que hasta no más de una década atrás era la tecnología de exhibición del cine. La tiranía tecnológica ha anulado al menos dos pilares de lo que significaba el cine, por un lado en el tema creativo haber discontinuado la producción de celuloide implica dificultar/eliminar un soporte de creación que podría haberse mantenido como una opción para los realizadores, así lo sostiene el cineasta Diego Torres: “es como si a un pintor le prohibieran pintar con óleo por una cuestión del mercado”. En otro pilar se trata de lo que se puede denominar una expropiación de la memoria, al haberse sustituido los sistemas de exhibición de materiales fílmicos por aquellos nuevos reproductores digitales se ha condenado a gran parte de la producción cinematográfica a su ausencia en programaciones regulares y su consiguiente camino al olvido.

A favor del desarrollo tecnológico, o bajo esta premisa, que es más bien una excusa, se está consolidando el sistema de universalización de la memoria que va en contra de las identidades locales y su forma de contar las historias propias. Qué es lo que nos queda, en gran medida, sólo aquello que se ha considerado “importante” para ser digitalizado y restaurado, películas de “todo” el mundo que han sido consideradas - ¿por quién? – para migrar de soportes y así sobrevivir al olvido.

Aunque mucho se diga sobre la innumerable cantidad de contenidos que existen en la red para poder ser consultados y visionados, se trata aún de un sistema de reproducción que se rige a una lógica de dominación, en la que los contenidos y las búsquedas dirigen al usuario hacia una o tal cuestión, hacen falta todavía buscadores locales que puedan remitir la pesquisa a contenidos también propios. Esto es un desafío enorme, digitalizar los contenidos y ponerlos a disposición de los usuarios, sin embargo su impacto podría ser más que significativo sobre las formas de relacionarnos con un “nosotros mismos” que subyace en cada uno de los contenidos que se encuentran bajo el rótulo de “cine nacional”.

Sembrar de referencias sobre el cine local ayuda a generar interés sobre lo que es la producción nacional. Sin embargo, este esfuerzo queda trunco en tanto no hay forma de consultar las fuentes, que en este caso son las películas. Se puede hablar y escribir bastante sobre lo que es el cine, sin embargo quedan todavía muchos vacíos sobre el acceso a estos contenidos, es posible que las formas ya no sean las tradicionales del cine en sala, por eso mismo hay que pensar las formas de devolver la memoria del cine a los espectadores.

El futuro suele ser impredecible, las formas de reproducción del cine han cambiado tan drásticamente en los últimos años que no han dejado tiempo para poder reflexionar sobre el qué hacer con lo que se tiene hasta ahora. Cada vez se hace más grande la brecha tecnológica entre lo que se hizo y lo que se hace, la recuperación de la memoria tiene que ver con tomar por asalto la tecnología a favor de actualizar contenidos poniéndolos en valor a través de nuevos soportes de reproducción. Gran parte de la victoria sobre el imaginario colectivo que ha tenido el cine clásico norteamericano es una consecuencia de su rápida apropiación de los formatos televisivos para poder ser exhibidos, los programadores de televisión han tenido “fácil” acceso a estos contenidos y han sido co-responsables de la toma del poder de esas pantallas por parte de las grandes producciones norteamericanas, con secuelas profundas sobre el espectador.

Estamos frente al post-cine, un momento que repiensa el cine más allá del cine, con todo lo que esto implica. Las formas de producción, la exhibición y la distribución del cine jamás volverán a ser las mismas. Esta fuga adelante que ha emprendido el cine, a favor del desarrollo de la tecnología, ha dejado para después el pasado. La toma de conciencia de esta afirmación puede ayudar a pensar sobre qué hacer para no perder la memoria del “cine nacional”.

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