En la víspera de las elecciones presidenciales de 2002, el embajador de EE.UU en Bolivia, Manuel Rocha, exhortaba al pueblo boliviano a no votar por Evo Morales, caso contrario la relación de su país sería revisada. Este imperativo no sólo allanaba el camino para que el candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS) aumente su peso electoral (Evo salió segundo), sino que suponía el inicio del mito.
Evo en el Cine

A Evo Morales se lo puede comprender desde su origen, tentación frecuente por la antropología, que aduce su popularidad y carácter mitológico a elementos fenotípicos; también se lo puede reconocer por los remanentes de la globalización referidos a la exacerbación de lo local frente a lo global y el estallido de la interculturalidad como posibilidad y necesidad, y quizás también en un término mucho más pragmático desde la crítica y la crisis de un sistema económico que sólo engendró miseria.
La sensibilidad en torno a lo étnico y la efervescencia de los marginados de la historia de Bolivia sirve como contexto para interpretar la emergencia de movimientos campesinos cuya discursividad se funda en lo étnico-identitario. Estas huellas se evidencian en el cine de Jorge Sanjines, una suerte de presagio de lo que es la Bolivia de la primera década del siglo XXI.
Justamente Jorge Sánjines se refiere a Evo Morales como "partícipe de la epopeya aimara" en octubre de 2003, en el documental serial Presidentes de Latinoamérica (2009) cuyo entrevistador es el Senador Daniel Filmus de la República Argentina. Filmus conversa con distintos presidentes de Latinoamérica, buscando en su documental la descripción de Evo en articulación con Lula, Chávez, Correa y Lugo, entre otros, como los rostros de ésta camada de nuevos presidentes progresistas en America Latina.
Pero es en la mirada de Jorge Fuentes, a través de su documental Volveré y seré millones(2008) que vemos el despliegue del mito y lo mitológico sobre Evo Morales, desde su procedencia geográfica y adscripción étnica. El director retrata a Evo como la realización del mito de Inkarri, Jacha Uru o la última evocación en la voz de Tupak Katari y su premonición mesiánica "volveré y seré millones".
Causachun coca!
Sin embargo, el mito de Evo Morales no se funda en su figura presidencial o en una suerte de interpretación mesiánica, sino que gira sobre el actual símbolo de soberanía de un país: la hoja de coca. En el lapso de 20 años, la coca pasó de ser el aglutinador de demandas sectoriales, como las de los sindicatos de campesinos del trópico de Cochabamba, hasta constituirse en el motivo del ingreso a la política formal de sectores campesinos, en tanto su cultivo desencadenó la más brutal represión en regimenes democráticos, en la década de los noventa. La hoja de coca funge como signo aglutinador de demandas no sólo del sector campesino, sino de los marginados del sistema económico: miles de mineros, de empleados de las empresas estratégicas del Estado y las masas migrantes rurales que no logran integrarse en los núcleos urbanos.

En Inal mama, sagrada y profana (2008) del antropólogo Eduardo López, la hoja se presenta en su pluralidad significante; desde motor del narcotráfico, elemento sagrado (base de la cultura), y fundamento político del sindicalismo campesino y de la creación del Instrumento Por la Soberanía de los Pueblos IPSP. Es con este símbolo con el que se construirá la figura política de Evo Morales y que significa el detonador discursivo para Carlos Valverde en su cuestionable documental ¿Que pasó? (2009) donde reconstruye a Evo Morales, tomando como genealogía su carrera sindical en el Chapare, y la represión militar de la que es victima en esta región, para conducirlo de una forma en exceso grosera hacia la imagen de un asesino, o por lo menos como máxima autoridad de un "gobierno que asesina".
Desde otro angulo, en Inal mama, sagrada y profana la coca aparece en una polifonía asombrosa: con un registro audaz se va dibujando el mundo desde el que emergió el actual presidente de Bolivia y desde donde se fundó el mito. Por otro lado, en Cocalero (2007)de Alejandro Landes se reconoce a Evo Morales como producto de un movimiento sindical cuyas demandas giran entorno a la hoja sagrada. En este documental, el encuadre de Landes en el afán de desmitificar a un hombre que aún no es mito, de presentarlo en tanto símbolo vaciado de elementos en exceso exaltados como ocurre en Evo Pueblo, película de Tonchy Antezana, una suerte de ficción-biografía no autorizada del presidente de Bolivia, donde el director indaga sobre el origen paupérrimo del presidente hasta su ascensión como el primer presidente indígena del continente. En esta producción, se privilegia lo mitológico en tanto se dicotomiza el mundo entre lo posible y lo estrictamente fáctico, creando un relato mítico de la vida y logros de Evo Morales.
Pero Cocalero de Alejandro Landes no es el primero si no el único documental que registra los 90 días previos a la victoria inédita del 15 de diciembre de 2005, cuando Morales logra el 54% de los votos. Desde esa enfervecencia y espectacular triunfo es que los documentalistas Manuel Ruiz Montealegre y Héctor Ulloque Francoel realizan "Hartos Evos aquí hay", un ensayo que intenta comprender de donde es que emerge esta entidad mitificada del cocalero-indígena-aimara-campesino-socialista-subversivo Evo Morales.

Es desde esta gama de significados que constituyen el relato mítico de Evo que la mirada de distintos realizadores fragmentó y privilegió algunos elementos de esta entidad.
Entre lo ficcional y lo estrictamente testimonial, Evo Morales y su entorno tomaron el encuadre y en muchos más casos circundó fuera de este, ya sea como promesa, como ausencia, como subtexto folclórico y político o como elemento articulador de significados.
Desde un Juan Carlos Valdivia en Zona Sur (2009), que toma la figura de Evo como elemento estrictamente contextual para cifrar la decadencia de una clase en retirada, hasta el documental institucional El Estado de las cosas de Marcos Loayza donde se empieza a comprender o al menos visibilizar la decadencia que encuadra Valdivia, o hasta la primera anticipación que nos trae consigo I´m Bolivia (2006) de Anna Kalashnikova donde la transformación que empieza a vivir Bolivia sucede fuera de campo.
En clave de comedia, Paolo Agazzi con Sena Quina (2005) interpela en la voz de una de sus personajes a una fotografía de Morales con un "si me fallas cagas", meses antes de las elecciones de 2005. Además de esto, todo el texto fílmico de Sena Quina se encuentra impregnado con el discurso hegemónico de ésta primera década de siglo, las relaciones interculturales.
Con similar tratamiento, mayor entusiasmo y en un registro mucho más comprometido, Rodrigo Bellot presenta el road movie Quien mató a la llamita blanca? (2006), donde el discurso intercultural se construye como una necesidad insalvable y la Historia como un relato inmisericorde. La comedia cierra con una lapidaria cita "nuestros países nacieron condenados a una suerte de fatalidad del miedo de ser que nos impidió vernos como somos y como podemos ser…Pero, ese miedo No es un enemigo invencible, el racismo No es una fatalidad del destino , No estamos condenados a repetir la historia" firmada por Eduardo Galeano y una lacrimosa sentencia del narrador " pocos días después Bolivia eligió y por goleada al primer presidente indígena en la historia, Evo Morales Aima"


Evo Morales, como contenedor de una cosmovisión, de una cultura, de una resistencia política e histórica, se dibuja en el encuadre y fuera de él; Evo aparece como un agitador, un heredero legitimo o como un capricho de historia; aparece en tanto extravagancia, en tanto delincuente o simplemente como la emanación de los fracasos del capital, allí donde éste dejó sus huellas: las marginalidades.
Y es desde estas marginalidades que la figura Evo va tomando las pantallas desde hace más de una década. Los marginados de la historia y de la imagen-nacional dejaron de ser modélicos objetos de contextualización o metáforas de la inseguridad y la violencia para ser, al fin, icono, símbolo, mito.