En una geografía accidentada, que pasa desde paisajes altiplánicos hasta llegar a lugares muy parecidos a los valles, como es la cuidad de La Paz, las clases altas de la sociedad se han acomodado en el Sur. Es ahí donde encontramos las casas más grandes, los jardines amplios y es ahí donde vive la gente que pretende ser la burguesía paceña.
El cine boliviano ha tardado mucho en entrar a la cuidad, lo hizo muy tímidamente y con bastantes prejuicios. Así, una representación de la Zona Sur de La Paz, llegaría tardíamente en el cine (esto también tiene que ver con el crecimiento demográfico de la cuidad). Tal vez la primera vez que se intentó de manera indirecta acercarse a la zona sur, fue en Yawar Mallku (1969) de Jorge Sanjinés. En esta película, un indígena desesperado va en busca de un médico que suponemos vive en la zona sur (aunque no hay una mención directa), va a la casa enorme del galeno y no lo encuentra, entonces, pide que lo lleven al club de tenis, donde estaría el susodicho. Ahí, vemos al médico interesado más en negocios ilícitos que en ayudar a su gente. El burgués en esta película es representado como un tipo sin escrúpulos capaz de todo para seguir enriqueciéndose, es un tipo grotesco, vende patria. Esta representación, por supuesto, tiene que ver mucho con la ideología del propio Sanjinés. Así, este personaje es simplemente un accesorio, una especie de muletilla que le permite al director expresar cierto estado de cosas.
Sería ocho años después, cuando finalmente el cine boliviano se apodere de la cuidad y entre con mucha fuerza en ella, intentando descubrir lo que encierra ese intrincado mundo. En Chuguiago (1977) se menciona por primera vez directamente la zona sur. Patricia, la protagonista de la cuarta historia, ya no sirve como una especie de muletilla en la narración, ya tiene voz propia y es un personaje redondo. A partir de este punto, se puede hacer un análisis de lo significa la zona sur para los cineastas bolivianos.
Ciertamente, si tomamos la película de Juan Carlos Valdivia, Zona Sur (2009) podríamos escribir páginas y páginas sobre la representación de este lugar de La Paz. Sin embargo, nosotros vamos a ir por otro camino. Vamos a intentar buscar puntos en común entre las diferentes presentaciones que se han hecho a lo largo de los últimos años. Para eso, hemos escogido tres películas, que no sólo mencionan a la Zona Sur (como sucede por ejemplo en ¿Quién mato a la llamita blanca? (Bellott, 2006)), sino que también intentan hacer una reflexión sobre lo que significa este espacio geográfico. Las películas que escogimos fueron Chuquiago, Los hijos del último jardín (Sanjines,2004) y Zona Sur.
La Zona sur: Mujer, universitaria, “rebelde”
Empecemos analizando la película de Eguino. Para Luis Espinal, Chuquiago son “cuatro historias de búsqueda para escapar a la propia suerte, impuesta por el grupo social al que pertenece” (Espinal, 1988). Con esas pocas líneas se resume la historia de la cuarta personaje, que es la que a nosotros nos interesa, por tratarse de una joven que vive en la zona sur. En efecto, Patricia, busca emanciparse de su clase social, puesto que considera que es una clase social burguesa y opresora de los intereses del pueblo. Para complementar el cuadro, debemos decir que Patricia es universitaria, estudia en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y no quiere irse al extranjero (esto se hará importante en el análisis de adelante, además, hay que hacer notar, que al final de la película, Patricia emigra a los Estados Unidos). 
Sorprendentemente, el personaje de Patricia, se ha convertido en un personaje tipo en la representación del joven de la Zona Sur. Tanto en los Hijos del último jardín, como en Zona Sur, encontramos mujeres que tienen estas mismas características. Analicemos las particularidades de estos tres personajes.
Lo primero que sale a luz es que son mujeres. Esto es muy importante, puesto que en el cine boliviano hay una preferencia por el personaje masculino, sin ir más lejos, de las cuatro historias que componen Chuquiago, tres son protagonizadas por hombres. Sería osado lanzar una tesis tratando de entender esta situación. Tal vez en la película de Eguino si se podría justificar la elección del personaje femenino. Sabemos que Chuquiago ha sido una renovación temática en el cine boliviano, que buscaba contar historias de otros grupos que no sean indígenas, por tanto, es natural que se haga un esfuerzo por incluir a una mujer. Esta explicación es simplemente insuficiente, no logra explicar porque hay ese interés por la mujer de clase alta que rechaza su clase.
Lo segundo que aparece con mucha fuerza y en lo cual lo directores hacen mucho énfasis es en los estudios de las jóvenes. Patricia, defiende a quema ropa su decisión de estudiar en la estatal UMSA, ante la insistencia de sus padres de que se vaya al extranjero. En Zona Sur, Bernarda que también intenta negar su condición de jailona, no sólo estudia ahí, sino que también tiene un amorío con una de sus docentes, lo que intensifica esa relación de amor por la universidad (hay momentos en la historia de Patricia en los que parece que el amor por la universidad es en realidad a un novio que tiene ahí). Bernarda, en este sentido se opone diametralmente a su hermano Patricio, que estudia en la universidad privada, en la Universidad Católica y que, a diferencia de las dos mujeres, acepta hasta sínicamente su condición social. Él a diferencia de Patricia, si anhela irse al extranjero. De aquí podemos sacar dos constataciones: en el imaginario habría dos tipos de habitantes de la zona sur, los jailones que aceptan y hasta exageran su condición social y que por tanto deben no sólo estudiar en una Universidad privada, sino que también deben continuar sus estudios en el extranjero. Los no jailones, en cambio, son los que rechazan su pretendida clase social y niegan tener alguna relación con ella. Si consideramos que la universidad estatal ha sido en épocas anteriores el símbolo de la revolución y la oposición más radical en contra las dictaduras, entendemos el gesto de Patricia y Bernarda: vemos que en el imaginario de estas dos jóvenes, la UMSA aparece como ese lugar de redención, un lugar en donde de alguna u otra forma pueden negar su lugar de origen e integrase a personas de diferente clase social.
Aquí hay que hacer una pequeña diferencia entre Patricia y las joven del Los hijos del último jardín con Bernarda de Zona Sur. En las dos primeras, el intento de negar su clase tiene connotaciones fuertemente políticas, las dos mujeres reconocen la gran desigualdad que hay en Bolivia y justamente por eso se rebelan. La rebeldía de Bernarda en cambio, es mucho más personal y existencial, se quiere diferenciar de su grupo social, se viste diferente y hasta se rebela contra su madre desde su sexualidad. Por supuesto, el cambio del motivo de rebeldía tiene su fundamento en los contextos políticos e ideológicos donde se han realizado las películas.
Otra cosa en común que tienen estas tres mujeres es el objeto de su rebeldía: se rebelan contra los padres. Esto es natural, los padres representan la tradición, son los defensores de “las buenas costumbres” y se preocupan por el futuro (burgués) de sus hijos. En fin, los padres representan el stablishment.
Con todo lo dicho anteriormente, parecería que este personaje tipo es alguien de mucha fortaleza y dispuesta a la acción más radical y sin embargo es todo lo contrario. Las rebeldías de las tres mujeres analizadas son simples pseudo-rebeldías. Patricia, al ver que el grupo político donde intenta ingresar lo evade, decide simplemente casarse e irse a Estados Unidos, la joven de Los hijos del último jardín no toma parte en la acción principal de la película, es decir del robo a la casa de un rico de la zona sur y Bernarda simplemente se acomoda lo mejor posible a su familia jailona. Muchas personas han criticado a Zona Sur de Valdivia, argumentando que en la película no pasa absolutamente nada. Pero es justamente lo interesante del film: todo queda en potencialidad, los personajes no tienen ninguna capacidad de acción, ni siquiera para salvar su pretendido estatus y mucho menos para rebelarse por lo que sea. Valdivia ha logrado entender muy bien ese aspecto de los habitantes de la Zona Sur.
Zona sur: Espacios concretos
La zona sur es por supuesto un espacio que tiene una existencia concreta. Sin embargo, ningún cineasta ha intentado una descripción de los exteriores de esta parte de la cuidad. Esto es extraño si analizamos la minuciosidad con que se describen las laderas en las películas bolivianas. Basta citar La nación clandestina (Sanjines, 1989) o el mismo Chuquiago, para demostrar esta afirmación. Las laderas han sido el lugar preferencial de la cuidad para los directores de cine.
En ese sentido, los exteriores de la Zona Sur, sólo aparece en oposición a las laderas. Podemos leer lo siguiente en el inicio de la historia de Patricia en el guión de Chuquiago escrito por Oscar Soria: “el vehículo (un micro que transporta a Patricia a su casa) recorre unas calles de Sopocachi bajo, toca San Jorge y sigue bajando hacia Obrajes y Calacoto. A medida que desciende, hay más arboles, las calles se muestran cuidadas y las viviendas denotan mejor condición económica” (Soria, 1988). El micro que menciona Soria, empieza su viaje desde el cementerio y cada vez que va bajando, el guionista explica que se ve gente de una condición social diferente y edificios más modernos y cuidados. Después de este especie de paneo por la cuidad, la película ingresa casi instintivamente a la casa de Patricia, donde se desarrolla una gran parte de su historia. En Los hijos del último jardín la contraposición entre el grupo de ladrones y la casa donde se van a robar, se hace evidente gracias a la oposición de las calles de las laderas -llenas de recovecos y construcciones improvisadas- con la espaciosidad y lujo que muestra la casa de la zona sur.
Así, el lugar privilegiado de la representación de la zona sur no es la calle, sino más bien las casas. Estas son siempre descritas como espaciosas, lujosas y de “buen gusto”. Los hogares aparecen como un distintivo de clase. Por eso, llega a ser tan impactante en Zona Sur, el momento en que la chola quiere comprar la casa de Carola.
Si queremos ser más específicos en el análisis, veríamos que no toda la casa es el espacio preferencial, sino que hay un espacio dentro de ella que llega a tomar mucha importancia. Ese espacio es el comedor. Sólo en esta sala, la representación del paceño de clase alta puede llegar a complementarse porque permite mostrar tres tipos de relaciones: la relación entre la familia y la servidumbre, de la familia con ella misma y la relación con la comida. Estas tres se encuentran muy bien descritas en la película de Valdivia y caracterizan a la burguesía criolla. La relación con la servidumbre no es una interacción entre patrón y empleado como sucede en otros países. Aquí, es una relación muy compleja que se ejemplifica muy bien con el nexo que existe entre Carola y Wilson.
Naturalmente, la comida es siempre el punto de encuentro de la familia, incluida la de la zona sur. Es ese momento donde se establecen todas las interacciones entre los miembros de la familia. Así en Chuquiago y Los hijos del último jardín, las peleas más fogosas entre las jóvenes y sus padres se dan en la mesa y en Zona Sur ese tiempo es perfecto para mostrar los nexos que existen dentro de la familia.
Pero sólo Valdivia pudo describir la relación especial que tiene el habitante de la zona sur con la comida. La comida es ese nexo que une a diferentes estratos sociales y que además permite a los de la familia compartir cosas con la servidumbre. La relación con la comida, es una de las características propias de la burguesía criolla.
Otro espacio (epílogo)
En el intento de buscar puntos en común entre las películas que intentan una reflexión de lo que es la zona sur, aparece otro espacio. Este ensayo había comenzado hablando sobre Yawar Mallku. Habíamos visto, que el momento de más desesperación del indígena en busca del médico se produce en el club de tenis. La imagen es tragicómica: el hombre busca al galeno con urgencia y se encuentra con un montón de personas pasándola un buen tiempo jugando tenis.
La imagen de la persona de clase alta jugando tenis se repite en las películas analizadas. La encontramos por ejemplo en Chuquiago y en Zona Sur. En el primer film, la inserción de Patricia jugando tenis resulta algo forzada (sólo aparece una vez y no de forma muy lograda) y al parecer, sólo tendría la función de reforzar la condición de la protagonista. En la película de Valdivia, también se hace mención al deporte una sola vez. En la secuencia inicial, vemos a Andrés salir del auto con una raqueta en la mano. Esta imagen, por ser la que introduce la película, se complementa con otras características de la clase alta, varios autos, mucha servidumbre, jardines amplios, etc.… Así, el tenis serviría para reforzar la idea del burgués. Este elemento lo vemos aparecer en casi todas las películas del primer mundo que hablan de la clase alta. Es por tanto, un elemento prestado del exterior.
Sin embargo, a parte de ese elemento, la representación del habitante de la zona sur tiene mucho de criollismo y que podría resumirse en los siguientes puntos:
La clase alta paceña tiene una tremenda obsesión por lo extranjero. Su sueño es ir a estudiar a Estados Unidos o en su defecto a España, como bien se ve en la figura de Patricio. Pero también hay una insistencia de parte de los padres hacia los jóvenes para que se vayan y si es posible no vuelvan más. En Chuquiago eso se convierte en un drama para Patricia, salirse de la UMSA y vivir en los Estados Unidos es negar el amor a la patria, sin embargo, sin un motivo por el cual seguir luchando, ella alista sus maletas y se va, para el gran orgullo de sus padres.
El segundo punto que caracteriza a los habitantes de la zona sur es la relación con la comida, que funciona como una especie de cable a tierra. El jailon tiene la ambición de alejarse de su país, pero no puede hacer lo mismo con su comida. Pero además el jailon no se puede ir porque tiene un fuerte apego con su casa. Así, cuando Bernarda intenta negar su condición, busca otro lugar para vivir, aunque eso no queda nada, puesto que ella, a fin de cuentas, ama su casa y no sabría vivir en otro lugar.
Otro punto en el cual han hecho mucho énfasis los cineastas que han intentado un acercamiento a la zona sur, es el posicionamiento ideológico. En un país lleno de contrariedades es natural que haya un sentimiento de rebeldía, un intento de cambiar las cosas. Pero en la visión de estos directores, esa rebeldía no queda en nada y esa es una de las características del burgués paceño, se interesa, pero no demasiado, no es un tipo hecho para la acción.
Habría que hacer una última observación sobre esta burguesía criolla, algo que Valdivia muestra en su película de manera muy inteligente. En La Paz (y en Bolivia), los que se consideran de una clase social alta, no siempre son los más ricos. Vemos en Zona Sur, algo que tal vez resultaría inédito en otros países: una chola (que se supone que es de una clase social más baja) ofrece una gran cantidad de dinero para comprar la casa de una señora que pretende ser aristócrata (que además no tiene un peso para comprar el pan). Vemos que la burguesía paceña no es tal por su status económico, sino más bien por cierta actitud frente a la cosas. El burgués paceño debe pretender tener plata pero puede no tenerla.
La última película de Valdivia ha enriquecido en sobremanera la representación de la zona sur de La Paz. Es una visión en la cual no se lanzan juicios de valor per se (como se hace en Yawar Mallku), lo que facilita mucho la comprensión de un cierto grupo social. Esto se debe sin duda al hecho de que Valdivia ha vivido toda su vida ahí. La película da mucho que decir, nosotros nos hemos dedicado a analizar sobre todo a Bernarda, porque consideramos que es un personaje que aparece muchas veces en la filmografía nacional. Sin embargo, sería también interesante hacer una reflexión mucho más a fondo sobre los otros personajes y sus interacciones.
Bibliografía:
Soria Oscar, Chuquiago, guión del film, La Paz 1988, Segunda edición, Editorial “Don Bosco”
Espinal Luís, Prologo a Chuquiago, guión del film de Oscar Soria, La Paz 1988, Segunda edición, Editorial “Don Bosco”
Mesa Carlos, El cine boliviano según Luís Espinal, La Paz 1982, Editorial “Don Bosco”