La crítica de cine construye un discurso que responde, esencialmente, a una premisa: aquello que la precede es susceptible de ser leído, de ser abordado desde una subjetividad en particular que ponga en diálogo una experiencia emotiva con otras, lejanas o no, válidas y problematizadoras de los discursos audiovisuales puestos en escena en cada película y de la idea que cada uno de nosotros tiene del cine.
Desde espacios tan diversos como periódicos, publicaciones especializadas o medios de comunicación on-line, la crítica cinematográfica se articula a partir de una empatía. Para Jean Michel Frodon, renombrado crítico francés que dio un taller en La Paz la semana pasada, la crítica pone en tensión la reflexión desde la emoción. "La crítica busca abrir un espacio donde también el lector pueda relacionarse emotivamente con el cine". En tanto acercamiento amoroso, la crítica de cine significaría la entrega de una experiencia, una provocación que no se agota. En definitiva, el oficio del riesgo.
Durante cuatro días, seis críticos bolivianos y cuatro críticos latinoamericanos (de Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador) compartimos un espacio de discusión en el que abordamos criterios y experiencias propias sobre la crítica y discutimos sobre el papel que actualmente juega este oficio en nuestros contextos. ¿Para quién escriben los críticos? ¿Hasta dónde la crítica es una recomendación? ¿Por qué el ejercicio crítico es tan importante en países con cinematografías emergentes?
Éstas fueron sólo algunas de las preguntas que buscaron respuestas en el taller. Sin embargo, tal vez el más importante cuestionamiento fue aquel que posibilitó la comprensión de la diversidad de condiciones de escritura y difusión de crítica en Latinoamerica. Esta misma diversidad no sólo sugiere posibles soluciones para contextos locales, sino que proyecta la experiencia hacia fuera, convirtiendo el espacio de la experiencia en un potencial espacio de acción creativa y, ante todo, de innumerables e indispensables riesgos.
Los Editores
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