Cada marzo se ponen en circulación los recuerdos, ya sean como apariencias fantasmales de un tiempo pasado o en el estupor que dejó el estruendo de la violencia política. La memoria y la imagen siempre se funden en la imagen cinematográfica, en los encuadres esforzándose en no mutilar la historia o el tiempo que va dilatándose ante la vida en este ejercicio de testificar con la mirada.
Cuando la mirada se presenta urgente y la nostalgia es intrusiva, la mirada del amante no sólo interroga sino que invoca el pasado, como lo hace Sebastian Morales en Un (o tres) acercamiento (s) a la critica cinematográfica, al recuperar un elemento olvidado en la critica: el amor.
El mismo amor es el que convocó a sacerdotes Jesuitas a ejercer la libertad que propone el evangelio, movilizándolos hacia America Latina. En el caso particular de Bolivia, sobresale el Padre Luis Espinal, que reconocía que la liberación de una sociedad es tarea de todos desde el lugar donde nos encontremos. Carlos Mesa y Liliana de la Quintana recuerdan la marca pedagógica y ética que dejó en ellos, asimismo se reproduce el Capítulo IV del libro Conciencia Crítica ante el Cine correspondiente a la colección Cuadernos de Cine No. 10 de la Editorial Don Bosco que hasta la fecha son lecciones ineludibles del quehacer cinematográfico nacional.
Sin memoria no hay resistencia siempre fue el móvil para la recuperación del pasado, aquel lugar donde nos convertimos en sujetos comunes e iguales, y en esta oportunidad para resistir al olvido Claudio Sánchez nos ofrece "respirar profundo para que la historia no se repita, que nunca más los tanques nos atemoricen, que la libertad se respire y que la luz adelante siempre brille nombrándote: Luis Espinal" en un gesto urgente y necesario de resistencia.
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