Las productoras bolivianas Victoria Guerrero y Viviana Saavedra, en una conversación que busca mostrarnos un panorama de la producción en Bolivia, sus dificultades y satisfacciones.
Por: Mary Carmen Molina Ergueta
Fotografías: Juan Gabriel Estellano
Mary Carmen Molina: Las realizaciones audiovisuales en Bolivia se han incrementado en número durante los últimos años. Sin embargo, hay que hacer un análisis de lo que hemos visto y de los procesos del desarrollo del audiovisual en nuestro país actualmente. En este sentido, ¿qué está pasando en el área de producción?
Victoria Guerrero: Yo creo que ha habido una evolución positiva. Así como ha crecido el rubro de los directores también ha crecido el rubro de los productores. El problema es que no ha habido y todavía no existen espacios para la formación de productores en Bolivia. Casi todos los productores que estamos trabajando actualmente nos hemos hecho en el campo de trabajo. Es destacable también que en este momento hay muchos productores que están trabajando con directores nuevos, y eso es bueno porque nosotros somos una generación diferente. Somos una generación que comparte más, que no es egoísta y que quiere aprender y producir. A pesar de las dificultades, en Bolivia hay productores jóvenes.
Viviana Saavedra: Yo creo que sí hay potencialidad: hay gente que quiere producir. Pero el tema es la formación. Si bien hay un grupo de nuevos directores, éstos se van a enfrentar a situaciones complejas: al no tener en Bolivia, productores ejecutivos que tengan formación, es más difícil acceder a ciertos espacios. Por eso, desde Producen Bolivia, estamos abriendo espacios de formación como el Bolivia Lab. Creo que nuestra generación, que yo le llamo la generación sándwich, quiere que en Bolivia se produzca bien, se produzcan más películas. Sin embargo, la falta de formación en productores ejecutivos puede causar que los a los directores nuevos les resulte muy sacrificado entrar a un mercado y producir películas que crucen fronteras.
MCM: ¿Qué medios están empleando ustedes ahora para producir cine en Bolivia?
VG: Yo creo que todos los productores que estamos trabajando actualmente hemos recurrido a fondos cinematográficos del exterior por que no tenemos un fondo propio en el país. Las opciones que hay en el mundo son buenas e interesantes. Cada fondo tiene sus mecánicas de funcionamiento, sus estructuras, sus modos de operar, pero muchos de los productores bolivianos que están apostando por fondos de afuera no tienen los conocimientos ni las herramientas para aplicar. Nos falta ese tipo de capacitación: toda esa mecánica de los fondos todavía no la conocemos muy bien.
MCM: ¿Creen que aplicar a fondos de fomento cinematográfico internacionales sea la principal opción producir en Bolivia en este momento?
VS: Yo creo que depende de a dónde quiere llegar tu película. Tenemos que empezar a trascender fronteras, y para esto el Estado tiene que apoyar a la producción audiovisual. Los países deben tener políticas de fomento para la cinematografía. Por eso creo que es importante, dentro del desarrollo cinematográfico, crear fondos propios desde políticas gubernamentales que permitan a los productores obtener recursos para poder levantar financiamientos. Otra ventana es la co-producción, que es muy importante porque genera un intercambio de equipos humanos, esta es quizás una de las pocas vías que nos permite hacer películas de un presupuesto un poco más ambicioso. En mi experiencia de co-producción con 3 países en el documental Por qué quebró Mc Donald’s, estoy viviendo en carne propia todos los problemas y todas las gratificaciones de hacer co-producción.
MCM: ¿Qué pasa con la legislación del cine en Bolivia? ¿Cómo afecta a la producción actualmente?
VS: Si bien tenemos una ley del cine que ha costado mucho y que ha sido un logro de un grupo de cineastas, es una ley que no cumple con lo que actualmente es la tecnología: hacer cine va más allá de la técnica, ahora no puedes llamar cineasta sólo al que filme en 35 o 16 mm., el cineasta es también aquel que filma en digital pero lo hace con rigurosidad en la producción. En Latinoamérica, las leyes de Venezuela, Colombia y Brasil están fomentando la cinematografía de estos países. Por ejemplo, en Colombia y Brasil existe la ley del Mecenazgo que posibilita que la empresa privada pueda descontar sus impuestos si apoya a la producción cinematográfica. Por otra parte, Venezuela tiene la ley de Responsabilidad en Medios, mediante la cual los medios de difusión tienen la obligación de comprar producción nacional para un porcentaje de su programación. Estas experiencias nos tienen que servir de ejemplo para poder llegar a plantear una nueva ley.
VG: Si aplicáramos aspecto beneficiosos de la ley del cine, como la cuota de pantalla, estaríamos mucho mejor. Lamentablemente la ley nunca se aplicó, y no pasa solamente porque el Conacine no haya encontrado su horizonte. Pasa también porque somos un gremio desunido. No hay políticas de cultura a largo plazo, esa es la deficiencia.
MCM: Hablemos ahora de sus experiencias actuales. Cuando ustedes se sientan por primera vez con un director o con un guionista y empiezan a conocer un proyecto ¿qué es lo que ustedes buscan, qué es lo primero que perciben para saber si es un proyecto que se puede producir?
VG: Hay varios factores: primero te tiene que gustar el guión, te tiene que gustar la historia, esa historia tiene que tener corazón. Después tienes que ver la factibilidad del proyecto, si es factible producirlo y venderlo, si tiene posibilidades en un mercado internacional o a qué fondos podría postular. En el caso de Bala Perdida, el documental de Mauricio Durán que estoy produciendo, aposté por la propuesta de autor.
VS: Como productora, para mí lo más importante es la historia. Hay historias que de entrada me llama producirlas y hay historias que no van por la línea que me interesa trabajar. Hasta ahora no me ha tocado aceptar un proyecto del que no me haya enamorado, pero me da mucha pena saber que hay muchos directores de cine que quieren hacer otro tipo de películas y no tienen quien se las produzca.
MCM: ¿Qué tipo de historias creen que se están quedando huérfanas, sin productores?
VS: Yo creo que son más que nada las propuestas de género. Por ejemplo, las historias fantásticas o de ciencia ficción. Yo me he encontrado con algunos guiones maravillosos que, sin embargo, no entran en el estilo de películas que yo quiero hacer.
MCM: En este sentido, ¿qué tipos de historias creen que ahora se necesitan? ¿Qué historias quieren producir, qué historias quieren ver?
VG: Yo quiero producir cine de mujeres porque creo que hace muchísima falta que las directoras mujeres se manifiesten. Yo creo que la estética femenina es lo que le falta al cine boliviano.
VS: Son miles las historias que Bolivia tiene por contar. Lo que a mi me gustaría ver sería a los cines llenos de películas bolivianas, y no sólo en cines bolivianos, sino poder ir a los cines de otros países y ver películas bolivianas. Como productora, me encanta el género documental; sin embargo, ahora estoy apostando por otras historias y géneros: estamos apuntando a contar lo que no se ha contado desde las miradas de las mujeres, historias de mujeres, vistas por mujeres y por hombres. Ahora estoy trabajando en un proyecto que titulado Cuando los hombres se quedan solos, que todavía está en guión.