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La cosa es simple: en el país existe una Ley del Cine que nadie respeta. Tan sólo algunas de las nuevas realizaciones (entiéndase por nuevas a todo aquello que se produjo en Bolivia entre 2005 y 2009) pasan a formar parte del Archivo Nacional de Cine e Imágenes en Movimiento y, para ponerlo de otra manera, muchas de las películas bolivianas(cortometrajes, mediometrajes y largometrajes) que se estrenaron en estos años no forman parte del archivo de la Cinemateca, y en el peor de los casos ni siquiera el CONACINE cuenta con una base de datos que reúna toda la información de la producción reciente.
La Ley del Cine (Ley Nº 1302 de 20 de diciembre de 1991) estipula en el Artículo 7, inciso G) "Registrar la propiedad intelectual, cinematográfica y los contratos de coproducción, exhibición y distribución". Esta figura se fortalece en el Artículo 21: "Todo film para ser exhibido o comercializado en el territorio nacional deberá estar legalmente registrado en el Consejo Nacional de Cine (CONACINE). Aquel que no cumpla con esta condición, se reputará de internación o producción clandestina". Esta situación nos enfrenta a una compleja realidad: ¿cuántos de los trabajos realizados en los últimos años pueden convertirse, según la Ley, en trabajos clandestinos, al no contar con el registro otorgado por CONACINE? La respuesta parece simple, ya que son muchas las realizaciones que quedan al margen de los registros oficiales por no cumplir con los procedimientos legales y, aunque estas películas hayan sido exhibidas públicamente, no se inscriben dentro de lo que podemos llamar producción nacional.
Entre 2005 y 2009 se ha generado un vacío enorme en cuanto a datos se refiere, muchas películas se estrenan en Bolivia sin que exista un control sobre esta situación. Es cierto que a lo largo y ancho del país la producción se ha intensificado, que las nuevas tecnologías han generado todo un discurso paralelo a las tendencias tradicionales, pero ¿qué constancia existe de todo esto? Pues, valga decirlo, ninguna.
LOS CATÁLOGOS
Ordenando la casa, hay varios aspectos que debilitan el trabajo general de registros. Bolivia no produce la cantidad mínima de catálogos que permitan complementar a los circuitos de distribución y comercialización. Si cualquier individuo o entidad, sea esta pública o privada, se animara a pedir ciertas referencias sobre la reciente producción nacional le sería casi imposible determinar qué es lo que en el país sucede. De esta manera no existe una forma clara para poder conocer los nombres de los nuevos realizadores y ni siquiera se podrían saber cuáles son los títulos de todos los estrenos bolivianos.
Los trabajos de catalogación son muy contados y, además, muy específicos; dentro de los esfuerzos más representativos podemos nombrar algunas experiencias. En 1992 el Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano (MNCVB), NICOBIS y el Círculo de Mujeres Periodistas, con el apoyo del Goethe-Institut de La Paz elaboraron el Catálogo Mirada de Mujer - Realizadoras bolivianas. En el prólogo Liliana de la Quintana escribe: "Esta edición nos permite reunir dieciocho nombres con sus filmografías y videografías de la mayor parte de las realizadoras bolivianas que, actualmente trabajan sobre todo en la ciudad de La Paz y Cochabamba, además las motivaciones y alcances de su obra en palabras de ellas". En este libro se perfila el trabajo de las mujeres en la producción audiovisual boliviana, nombres como el de Danielle Caillet o Cecilia Quiroga son parte de este texto, y algo que ilustra de una manera simple pero profunda la idea de la realización y en este caso de la catalogación es aquello que dice la escritora Blanca Wiethüchter, quien también incursionó en el audiovisual como guionista (El círculo, 1984) y como directora (Los habitantes de la ciudad, 1989). En este catálogo ella sostiene: "No me gusta la soledad, el trabajo de escribir es solitario. En la elaboración de un video participan muchos, eso otorga la posibilidad de compartir durante un hacer que busca ser arte." Wiethüchter, quien también realizó documentales, sugiere algo de lo que podemos hacer eco cuando planteamos la elaboración de catálogos: compartir, esa es una palabra que ilustra el trabajo a realizarse, la necesidad de que se conozca la obra de los diferentes autores para que el trabajo de realización no sea algo solitario.
Otro aporte de un alto valor es el Catálogo Video Infantil Boliviano (1999), un trabajo elaborado por NICOBIS con el apoyo del Goethe-Institut. Liliana de la Quintana al referirse a esta publicación dice: "Necesitamos fortalecer la producción para niños y difundirla. Este es el objetivo de este catálogo, brindar una amplia información sobre el material en video y cine que existe para que pueda ser mejor aprovechado por los niños y las niñas, en colegios, instituciones, etc., para construir una imagen más auténtica y más solidaria entre nosotros y para conocer algo más a los habitantes de Bolivia".
El año 2000, La Oficialía Mayor de Culturas y Comunicación del Gobierno Municipal de La Paz y el Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano publicaron el Catálogo de Video "Amalia de Gallardo" 1987-1998. Fernando Álvarez y Waldo Lizón estuvieron a cargo de la Investigación y coordinación de este proyecto. Aquí se encuentran todos los videos presentados al prestigioso Concurso, desde su creación (1987) hasta 1998. En la presentación del catálogo, Pedro Susz escribe: "No es, el catálogo digo, empero tan sólo un recuento, es un testimonio necesario dada la escasa durabilidad de los soportes electromagnéticos. Y si hay un lujo que no podemos ya seguir permitiéndonos es la erosión incesante de la memoria, pues ello nos enfrenta a la penosa tarea de recomenzar todo siempre de cero."
Para cerrar este panorama de los catálogos en Bolivia debemos contemplar dos experiencias más, la primera se trata de la Filmo-Video Grafía Boliviana Básica (1904-1990) escrita por Pedro Susz y publicada por Ediciones Cinemateca Boliviana en 1991. Este texto explora cronológicamente la producción nacional durante los años señalados y es una de las bases de consulta más importantes con las que se cuenta en Bolivia. Por otra parte, El lugar de la seducción – Carteles del cine boliviano 1930-2005, publicado por CONACINE, Fundación Simón I. Patiño y la Fundación Cinemateca Boliviana es un bello libro que ilustra la historia del cine en Bolivia. Hay algo en el Prólogo de este libro que resulta muy revelador a la hora de pensar en la publicación de un catálogo: "Hemos seleccionado un conjunto de carteles que pertenecen a las colecciones del CONACINE y la Fundación Cinemateca Boliviana; con ellos hemos organizado la exposición El lugar de la seducción y preparado este catálogo, que quiere ser un legado a la recuperación, promoción y difusión del cine boliviano".
NUESTRAS INSTITUCIONES
Cuando uno se da a la tarea de pretender hacer una curaduría para tal o cual festival, o simplemente quiere hacer estadística pura y dura, se enfrenta a una situación que bordea lo irracional. Se sabe que los esfuerzos conjuntos, individuales y colectivos han permitido el desarrollo del audiovisual en el país, que el ímpetu con el que se desenvuelven los realizadores constituye uno de los valores más trascendentales de la actualidad. Sin embargo, para quién trabajan estos hombres y mujeres, qué queda de sus obras luego de qué pasa el gran día de la exhibición pública del material audiovisual. Parece que todo se queda casi en ninguna parte, que la inversión se esfuma entre el olvido y la insistencia de algunos por mantener vivos los recuerdos. En Notas Críticas 38. La Cinemateca – Los primeros seis años 1976-1982, Pedro Susz escribe: "Queremos que todo el cine que se hace y se hará en el país quede para el mañana, pero también queremos rescatar todo aquello que todavía sobrevive de épocas anteriores y que se halla en archivos del exterior o en manos de particulares". Hoy las intenciones parecen no haber cambiado mucho, pero podemos quedarnos acaso sólo en intenciones.
En un diagnóstico preliminar, el debilitamiento de las instituciones parece responder a la falta de confianza que en los realizadores se ha generado con el pasar de los años en relación a ellas. Sobre CONACINE se dice mucho, se protesta incansablemente, entre pasillos y a la luz de cualquier encuentro es recurrente escuchar cómo se le señalan sus deficiencias. Sin embargo, los realizadores bolivianos siguen apostando por trabajar en el país, a pesar de las adversidades propias de un medio que no se arriesga por apoyar la producción cultural artística, hecho loable desde dónde se vea la labor de todos quienes aún creen en la actividad cinematográfica. El problema mayor puede estar signado por el trabajo que complementa la producción y realización cinematográfica, ahí es dónde nos preguntamos por las licencias y certificaciones con las que toda producción debe contar, nos preguntamos por el marco legal que debe acompañar toda película. La pregunta se la pasamos al CONACINE: ¿Cómo se hace cumplir la ley en un medio que pasa por alto casi toda norma. Se trata de una situación que, con el tiempo, puede volverse insostenible y, a la vez, si no se apoya desde lo mínimo el desarrollo de nuestras instituciones, nada podemos esperar de ellas.
Así, la Ley parece no existir, no hay calificación para las películas. En el Capítulo VIII de la Ley del Cine, en su Artículo 36 se dice: "Créase la Junta Nacional de Calificación Cinematográfica como la única entidad encargada de calificar filmes nacionales e importados en forma previa a su exhibición pública, a escala nacional, dependiendo directa y exclusivamente del CONACINE". Sin embargo, no hay un equipo de técnicos que determine si un film es apto para tal o cual público, y en el ámbito nacional los géneros son imposiciones de los propios realizadores. Así, un drama puede confundirse con una propuesta cómica, o se puede aprovechar mercantilmente del nombre de un género al cual no responde la película: cuántas veces hemos visto y escuchado slogans como, la primera película boliviana de suspenso, cuando ya el género ha sido trabajado ampliamente por otros autores. Sin embargo, cómo contradecir esta estrategia de marketing que procura acomodar el producto en un nicho poco explorado por la publicidad si no existen documentos públicos que certifiquen lo dicho.
Toda película exhibida en Bolivia debería contar con un registro otorgado por CONACINE que avale la procedencia y la calidad de los films. De esta manera, se estaría fortaleciendo la institución y generando una cultura de protección a los realizadores, como también a los consumidores. El espectador no es tomado en cuenta por la burocracia institucionalizada: lo importante es estrenar la obra, mostrarla por mostrarla, no cuestionar mucho las condiciones de su difusión y exhibición. Ciertos trabajos no pueden ser inscritos dentro de lo que es el cine como tal, ni por su lenguaje o su forma de producción, ni siquiera por su estética. En el país se menosprecia la televisión, y hay muchas películas estrenadas comercialmente en salas que no cumplen con las condiciones ideales para que esto suceda: a veces, una pantalla de cine queda grande.
Algunos realizadores fuerzan indiscriminadamente los argumentos para poder cumplir con tiempos que determinen si es o no un largometraje y, como espectadores, detectamos que esto sucede, esperamos que la película acabe y buscamos en el fondo algo que salve al film, pretendiendo esconder la idea de que una película es un todo y no un cuerpo en trozos, un puzle para armar que contiene fichas bonitas que se sostienen por sí solas. Nos hemos acostumbrado a pensar que la próxima será mejor, que el apoyo a nuestro cine es lo único que permite que esté siga con vida.
¿Qué nos queda por decir de todo esto? Los impulsores de la producción cinematográfica parecen Quijotes solitarios, ante la utopía de conocer un cine que podría llevar el título de nacional. ¿Cuánto sabemos de nosotros mismos? A pesar de los esfuerzos por consolidar una pequeña industria que responda a las condiciones y necesidades de la sociedad boliviana, estos se quedan cortos cuando descuidamos el trabajo en otras áreas que complementan la producción cinematográfica. Pueden ser varios los factores que postergan la ejecución de proyectos que fortalezcan el cuerpo de aquello que sostiene en el tiempo la memoria y la correcta socialización de las diferentes obras, y es por esto que debemos pensar ahora las formas que ayuden a desarrollar nuestro cine. Necesitamos fortalecer los canales de difusión desde varios ángulos y uno de ellos puede ser precisamente la elaboración de catálogos.
EL ARCHIVO Y LA NECESIDAD DE CATÁLOGOS
Los Archivos no son espacios muertos, sino más bien lugares dinámicos. En el caso particular del archivo de Cine e Imágenes en Movimiento, éste nos permite poder conocernos a nosotros mismos, bajo la idea de que la pantalla funciona como un espejo donde nos encontramos una y otra vez. El cine logra construir una identidad configurada por diversos elementos, que al final de cuentas también termina por dar cuerpo al hecho de ser bolivianos. Es así que resulta trascendental contar con una Cinemateca sólida en ese sentido, un espacio que no se limite a la exhibición de películas, sino que también fortalezca su función original: la preservación y difusión del material cinematográfico.
Una de las formas de fortalecer el Archivo de la Cinemateca es precisamente la de procurar que la Ley se cumpla: como organismo vivo necesita ser alimentado y para esto es de suma importancia que se implementen mecanismos interinstitucionales de coordinación que busquen la preservación efectiva de la memoria y su continua puesta en vigencia. No es posible que las nuevas realizaciones no cuenten con los respectivos registros, siendo estos aquellos que les permiten acceder a otros beneficios directos, tales como pasar a formar parte de la historia misma de un país, o continuar un ciclo que pocas veces es tomado en cuenta, como puede ser el caso de su reposición en diferentes salas o la inclusión de las obras en muestras y festivales (no sólo a nivel nacional). "Asumir semejante responsabilidad no es producto de un capricho, ni del mero afán de copiar aquí iniciativas puestas en práctica en otros lugares, es una toma de conciencia sobre el apremio de poner a salvo los productos del medio de comunicación y formación más importante de nuestro tiempo, que son también, en muchos casos, los vehículos en que se manifiestan las nuevas tendencias creadoras del hombre de hoy." (Susz, 1982: 46)
Es ya una urgencia generar un movimiento que procure la elaboración de Catálogos especializados en diversos temas, para así intentar configurar un panorama más amplio de la realidad contemporánea en cuanto a realización cinematografía en el país se refiere. Puede que esta no sea una tarea que corresponda únicamente a la Fundación Cinemateca Boliviana o CONACINE, pero ambas instituciones son los canales adecuados para llevar a cabo una empresa de tales dimensiones.
Dar a conocer lo que Bolivia es a partir de lo que en el país se produce es uno de los primeros objetivos que deberíamos proponernos. Generar una imagen de lo que somos para nosotros y así poder mostrarnos a los otros, garabatear hasta lograr el auto-retrato. La importancia de los catálogos está íntimamente ligada a la necesidad de descubrir diferentes facetas de la cadena de producción cinematográfica, que se ve truncada desde distintos ángulos ante la carencia de herramientas que legitimen su presencia y pertenencia a una sociedad en constante cambio.
BIBLIOGRAFÍA
Álvarez, Fernando y Waldo Lizón. Catálogo de Video "Amalia de Gallardo" 1987-1998. La Paz: Oficialía Mayor de Culturas y Comunicación del Gobierno Municipal de La Paz, Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano (MNCVB): 2000.
Consejo Nacional del Cine, Fundación Simón I. Patiño, Fundación Cinemateca Boliviana. El lugar de la seducción. Carteles del cine boliviano 1930-2005. La Paz: 2006.
Susz, Pedro y Carlos Mesa. Notas Críticas 38. La Cinemateca - Los primeros seis años 1976-1982. La Paz: Cinemateca Boliviana, 1982.
Susz, Pedro. Filmografía Video Boliviana Básica (1904-1990). La Paz: Cinemateca Boliviana, 1991.
Susz, Pedro. Breve memoria de una larga historia en Toda una historia. La Paz: Fundación Cinemateca Boliviana, 2007.
De la Quintana, Liliana. Catálogo Video Infantil Boliviano. La Paz: NICOBIS, Goethe Institut 1999.
Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano (MNCVB), NICOBIS, Círculo de Mujeres Periodistas, Goethe-Institut. Catálogo Mirada de Mujer - Realizadoras bolivianas. La Paz: 1992.
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