No es que no me guste el cine actual. Al contrario, cada vez me gusta más. Pero cuando pienso en las películas que realmente me han impactado, tengo que remontarme a la década del ‘70.
  En esto tienen mucho que ver mi infancia y adolescencia de largas temporadas en Yacuiba, Bolivia. Allí vivían mis abuelos y allí pasábamos, con mis hermanos y primos, al menos tres meses al año. Ir al cine era casi la única distracción fuera de la casa y se convertía en todo un programa que se repetía noche a noche pero que, aunque la película no cambiara, siempre era distinto. Yo todavía no estaba tan loca como para ir todos los días a ver lo mismo, pero mis hermanos recuerdan haber visto siete noches seguidas Infierno en la torre y otras tantas Aeropuerto.
    Solamente había funciones por las noches porque los cines eran semi abiertos y, obviamente, la luz del día no permitía las proyecciones. Las butacas eran pocas, la mayoría de los asientos eran bancos de madera y había que estar muy metido en la película como para aguantar sentado casi dos horas o más, cuando la función era doble.
    En Yacuiba vimos grandes películas de grandes directores como Fellini y Pasolini, por increíble que parezca. Y gozábamos también con historias de décadas anteriores, algunas de las cuales -no sé por qué- no llegaban a los cines de Santa Cruz. O tal vez llegaban, pero yo estaba de vacaciones en Yacuiba y no me enteraba.
    Todavía sigo viendo maravillosas películas que me emocionan, me divierten y me trastornan, pero las que recuerdo con más placer son las de los 70’s, pese a que a algunas las vi algunos años después de su estreno. Muchas son obras maestras; otras, vistas a la distancia, son mediocres y otras sencillamente desastrosas. Pero las sensaciones que me han producido no las he experimentado casi con ninguna de las genialidades que he visto de adulta. 
    Hace poco, el American Film Institute publicó las cien mejores frases del cine y, entre ellas, hay dieciseis que corresponden a películas de esa década. Se consideraron solamente películas norteamericanas y, me dirán, todo es cuestión de gustos. Pero no es una cifra para despreciar, sobre todo porque seis de ellas figuran entre los primeros veinte puestos. La número dos es de El Padrino: "Le haré una oferta que no podrá rechazar", en la fascinante y susurrante voz del soberbio Marlon Brando. Todo un clásico.
El cine de los 70’s no disponía de la tecnología actual que permite efectos especiales, inimaginables hace 30 años. Eso era algo que jugaba a nuestro favor: había que contar buenas historias porque con los efectos especiales no bastaba. Ahora, los chicos se reirían de la tecnología utilizada en el cine ‘catástrofe’, bélico o de aventuras que veíamos entonces: Infierno en la torre, Tiburón, King Kong, Aeropuerto, La aventura del Poseidón, Abismo, Orca la ballena asesina o Superman.
    No teníamos Internet ni televisión por cable, tampoco íbamos a la peluquería a leer Vanidades, pero conocíamos la vida amorosa de todas las estrellas y sabíamos de festivales y premios tanto como ahora.
    En los ‘70 apareció Rocky, el sueño americano escrito y protagonizado por Sylvester Stallone, tal vez lo único decente que hizo. Otras de las más comerciales que quedaron en la historia fueron Fiebre de sábado por la noche, El campeón y Kramer vs. Kramer. Si no lloraron en estas últimas fue porque estaban viendo otra película.
    El cine europeo, creo, estaba más a nuestro alcance que ahora. Disfrutábamos de los spaghetti westerns, las comedias y el cine de culto italianos. Los franceses también hacían comedias y sus policiales eran un gusto aparte. Aunque la Academia no es santo de mi devoción, vale mencionar que Francia e Italia se llevaron el Oscar a la mejor película de habla no inglesa siete veces en esos diez años. Si eso no es buen cine, ¿el buen cine dónde está?
    A propósito de los Oscar, es bueno recordar que George C. Scott y Marlon Brando rechazaron la estatuilla. El primero, en 1970, por su interpretación del General Patton. Esa noche se quedó en su casa viendo televisión porque consideraba que el premio era degradante y solamente un negocio de la industria y la academia. Eso le costó su carrera. Brando hizo lo mismo dos años después. Su inefable Vito Corleone, le valió el premio pero, en lugar de presentarse al show, envió a una india americana en señal de protesta por el tratamiento que el cine hollywoodense daba a las minorías indígenas. No era pose en ninguno de los dos casos. Para imitar.
    Por esos años el resto del cine mundial casi no llegaba, salvo los bodrios argentinos y mexicanos de la época.  Pero, igual, algo veíamos (sí, en Yacuiba) y empezábamos a escuchar de Herzog, Buñuel,Truffaut, Bergman, Saura, Polanski, Kurosawa, Scola, Malle y Costa Gavrasaunque yo, en ese momento, no los conocía o no sabía bien quiénes eran. Por supuesto, ya eran archifamosos y geniales Chaplin y Hitchcock que murieron ahí no más, en 1977 y 1980, respectivamente.
    Las mujeres suspirábamos por Alain Delon, Franco Nero, Ryan O’Neal, Marcelo Mastroiani, Omar Sharif, Warren Beatty y Peter Fonda. En El golpe, Robert Redford y Paul Newman nos hacían caer la baba, igual que Richard Gere enBuscando a Mr. Goodbar y nuestros James Bond eran Sean Connery y Roger Moore, ni punto de comparación con los que luego lo personificaron.
    Los hombres no se perdían oportunidad de ver a Sofía Loren, Catherine Deneuve, Jeanne Moreau niBrigitte Bardot, y todos se enamoraron de Jennifer O’Neill en Verano del 42. Claudia Cardinale, Laura Antonelli, Jane Fonda, Dominique Sanda, Romy Schneider –que murió en su plenitud- y Raquel Welchtambién tenían masas de admiradores. Eran buenas actrices pero, además, divas de verdad que conservan la belleza que marca los años y no la que se consigue (o se pierde) con cirugías y botox. Todo un ejemplo para las estrellitas actuales.
    El cine ‘serio’, político, comprometido y dramático de los 70’s era un lujo. Cuesta creer que todas estas sean películas de la misma época: Contacto en Francia, Network, La naranja mecánica, Los perros de paja, Espantapájaros, Estado de sitio, El padrino, Papillon, Serpico, Chinatown, Perdidos en la noche, La conversación, El archivo de Odessa, Barry Lyndon, Regreso sin gloria, Marathon man, Ese oscuro objeto del deseo, Expreso de medianoche, Tarde de perros, Los niños de Brasil, Harry el sucio, Julia, Sacco y Vanzetti, Perfume de mujer, Un hombre llamado caballo, Todos los hombres del presidente, Portero de noche, El tambor de hojalata, El francotirador… y la lista sigue. Verdaderas obras maestras.

    Los adultos/as pudieron ver lo mejor del cine ‘caliente’:Emmanuelle, El imperio de los sentidos y El último tango en París y, más caliente todavía, Garganta profunda, la única película pornográfica que no se limitó a salas XXX, exhibiéndose en todos los cines.
    Nos deleitábamos también con los monstruos de la actuación, algunos ya consagrados, otros en carrera y otros que recién comenzaban. Recuerdo ahora aBelmondo, Gabin, Depardieu, Noiret, Gassman, Hoffman, De Niro, Pacino,Lawrence Olivier, Brando, Martin Sheen, McQueen, Henry Fonda, Donald Sutherland, Hopkins, Eastwood, Hackman, Burton, Nicholson y otros tantos que protagonizaron las famosas películas bélicas, del oeste y las clásicas americanas de décadas anteriores.
    Las ‘películas de amor’ eran realmente de amor. Por supuesto, muchísimo más simples  e ingenuas que las actuales. Melody, Castillos de hielo y Love story son un ejemplo de ello. Aquí tampoco me digan que no derramaron ni una lágrima al verlas.
    A los musicales de entonces creo que todavía nadie les ha hecho sombra (con excepción de The wall y, tal vez y mucho más lejos, Fama y Evita, todas de Alan Parker). Fue la década de Hair, La rosa, Nace una estrella, El violinista en el tejado, Cabaret, El cantor de jazz, All that jazz, Jesucristo Superstar, Tommy, Quadrophenia, New York New York, The rocky horror picture show, El fantasma del paraíso y hastaGrease, que ahora me parece un espanto.
    La comedia americana se podía ver con gusto. Mel Brooksno se ha superado después de El joven Frankestein y Peter Sellers, nos mataba de la risa con la serie de La Pantera Rosa, lo mismo que Woody Allen con Bananas, La última noche de Boris Grushenko y Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar. Sus neurosis también nos hacían pensar, además de reír, enManhattan, Interiores y Annie Hall. Joyitas.
    El género de terror tuvo en los 70’s clásicos insuperables como El exorcista, Carrie y La profecía. Y la ciencia ficción, repito, con efectos especiales limitados, nos trajo Encuentros cercanos del tercer tipo, Mad Max, La guerra de las galaxiasy Alien, el octavo pasajero. ¿Quién no saltó de la butaca cuando el ‘alien’ salió del vientre del tripulante?
    Punto y aparte para Apocalypse now, Novecento, Atrapado sin salida y Taxi driver.

Coppola y el mejor Vietnam del cine. El ruido de los helicópteros, el color de las imágenes, Jim Morrison y Wagner de fondo y esos monstruos en la pantalla no tienen precio. Inolvidable Robert Duvall y su: 
"¿Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es napalm. Nada en el mundo huele así. Me gusta el olor a napalm cuando amanece."  De las otras tres  no hace falta que diga nada.
    Sé que estoy dejando de lado muchos nombres, pero no me preocupa. En todos los que están incluyo a los omitidos. Porque nos hicieron soñar y pensar cuando los libros y el cine eran casi lo único que nos abría la cabeza y nos hacía volar. Así debería seguir siendo.
    No sé si todo tiempo pasado fue mejor, pero estoy segura que el cine de los 70 sí lo fue. Creo que es hora de buscar algunas de sus obras de arte y volverlas a ver. Será un placer.
