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Bastardos sin gloria

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    Bastardos sin gloria: la celebración de una máscara Pedro Brusiloff    
   

 

El pasado 17 de diciembre  se estrenó en nuestra ciudad  la  flamante película Bastardos sin gloria, del director Quentin Tarantino.   Entre   los reproches más serios de que la realización puede ser objeto destacan la banalización  de la violencia y la falta de desarrollo de los personajes, excepción hecha del carismático y  cruel Coronel Landa, interpretado magistralmente por un brillante Cristoph Waltz.  

La película de Tarantino es  una banalización, pero una de las más exquisitas que haya visto. ¿Qué sería del arte sin cinismo? En  literatura, los personajes que más se ama son por lo general los más reprochables, los más incorrectos. Todos ellos tienen la capacidad de otorgarnos la otredad de nosotros mismos; de portar una máscara que oculta y que revela, pero sobre todo, de enseñarnos que el arte es una constante lucha. Así,  es Otelo quien después de recibir el veneno de Yago dice de Desdémona: “Es como si el cielo se burlara de sí mismo”:  si existe una forma luchar en el arte, de instaurar la propia personalidad en relación a lo que ofrece una tradición  que nos alimenta, determina y antecede, esa es la del disfraz. No existe rostro más auténtico que una máscara. Nuestra  máscara puede llegar a ser una creación propia, pero lo es desde el momento en que transforma y hace propia la otredad.

Más allá de cierta autocomplacencia, Bastardos sin Gloria es la celebración de una máscara. El motivo de lo teatral y del disfraz recorre todo el film: desde un nada atractivo Brad Pitt, pasando por un histriónico y cómico Hitler hasta llegar al carismático Coronel Landa. Así, la película rinde tributo a una tradición cinematográfica que influyó en Tarantino  (el spaghetti western) al mismo tiempo que revela cínicamente los toques característicos de este. Es así que el director logra, además de  proponer  al cine como objeto incendiario y subversivo, proclamar, no necesariemente crear,  la autenticidad de una máscara.  En efecto, esta no es la película en que el director  construye los rasgos que definirán la fisonomía de su máscara, de su personalidad artística, eso ya lo había logrado; pero es el punto gozoso donde se reconoce el poder de ese disfraz y la potestad de actuar , a partir de él,  con absoluta soberanía. De hecho, la soberanía  que el  director despliega en su realización  justifica la segunda crítica importante que se le había planteado: matar descaradamente a  una serie de personajes prometedores, acaso sin lograr su pleno desarrollo.

Para resumir, la violencia de Tarantino es también la violencia que toda máscara, como creación, como respuesta a una tradición, ejerce sobre el propio cuerpo; en la realización del director estadounidense  la violencia se convierte en celebración de  un acto de soberanía.

 

 

   
   
Tags: Quentin Tarantino Pedro Brusiloff
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    Pedro Brusiloff
Pedro Brusiloff es estudiante de la Carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés.
 
         
 
 
         
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  Título original: Bastardos sin gloria
Género: Acción, Bélica
País: Estados Unidos, Alemania
Año: 2009
Dirección: Quentin Tarantino
Reparto principal: Brad Pitt (Aldo Raine), Diane Kruger (Bridget Von Hammersmark), Mélanie Laurent (Shosanna Dreyfus), Christoph Waltz (coronel Landa), Daniel Brühl (Frederick Zoller), Eli Roth (Donny), Samm Levine (soldado Hirschberg), B.J. Novak (Smithson Utivitch), Til Schweiger (Hugo Stiglitz), Gedeon Burkhard (Wilhelm Wicki), Julie Dreyfus (Francesca).
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Bob Richardson.
Guión: Quentin Tarantino
Producción: Lawrence Bender
Duración: 148 min.
 
         
 
       
       
 
           
 
 

 
 
 
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