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Breve acercamiento histórico a la crítica de cine en Bolivia
Historia
 
     
       
         
   
por: Claudio Sánchez
   
   

 

“…La crítica no es para dar, de una vez por todas, la interpretación verdadera de una película de cine. Ante todo, porque no existe una interpretación “verdadera”. El cine no es una ciencia exacta; y contiene una enorme gama de subjetividad y de sentido oculto, tanto para el creador de la película, como para el espectador”. (Luis Espinal) 

LA EXPERIENCIA DEL 70 Y SUS CONSECUENCIAS EL 80

Se puede decir que la crítica cinematográfica en Bolivia tuvo su gran auge en la década del setenta. Esto responde al trabajo incansable, que en La Paz realizaron personalidades tan importantes dentro de la historia contemporánea para la formación de públicos como fueron: Renzo Cotta (Milán 1925 – La Paz 1978), Amalia de Gallardo (La Paz 1923 – Buenos Aires 1988) y, sobretodo, el sacerdote jesuita Luis Espinal (San Fruitos de Bagés 1932 – La Paz 1980). Ellos formaron una generación joven muy prolífica, que supo hacer de la crítica un oficio más responsable, otorgándole a este trabajo una categoría diferente, que hasta ese momento no se había alcanzado en el país, así la crítica logró convertirse en algo útil para la sociedad.

La creación de los primeros Cine Clubes en el Cine 16 de Julio a finales de la década del sesenta, encabezados por el ya mítico Cine Club Luminaria impulsado por el Centro de Orientación Cinematográfica (COC), que desde 1969 Espinal conducía. Estos espacios fueron el germen de la explosión de nuevas firmas que empezara a trabajar en distintos matutinos paceños (Presencia, Hoy, El Diario, Última Hora). Entre quienes dicen presente en esta época, se encuentran Carlos Mesa y Alfonso Gumucio Dagrón, ambos hicieron los aportes más importantes a la historiografía del cine boliviano con la publicación de sus libros: La Historia del Cine en Boliva (Gumucio, 1982) y La Aventura del Cine Boliviano (Mesa, 1985). También formó parte del Cine Club Luminaria el hoy director de cine, Rodrigo Ayala Bluske, quien en la actualidad también desarrolla su trabajo como crítico en la ciudad de Tarija.

Otro de los impulsos que merecen ser reconocidos para una breve introducción a la crítica cinematográfica en Bolivia es la publicación de los Cuadernos Críticos. Editados por la Editorial Don Bosco entre 1972 y 1980, estos trabajos permitieron al espectador común hacerse de armas para poder acercarse de mejor manera al discurso estético de los films. Catorce Cuadernos fueron publicados y doce de ellos escritos por Luis Espinal, entre los que se destaca Conciencia Crítica ante el cine (1976).

Fue en la década del setenta (1976) que se creó la Cinemateca Boliviana. Ahora que ya existía un espacio propicio para el visionado del cine, la realidad se transformó. Se vivió así, el inicio de un trabajo que a la cabeza de Pedro Susz y Carlos Mesa, ayudó al fortalecimiento de la formación de públicos. Poco a poco los asistentes frecuentes de las sesiones de la Cinemateca fueron posicionándose en el medio de la crítica cinematográfica boliviana en las décadas posteriores. Se trata de rostros jóvenes que trabajaron entre los ochenta y los noventa. Los nombres que se destacan en este son los de: Julio Peñaloza, Nadya Gutiérrez  y Mauricio Souza, este último publica la columna semanal Ocho y medio en el matutino Página Siete (La Paz), un espacio dedicado a la crítica y la discusión del cine en Bolivia.

Entre quienes se han mantenido en vigencia desde la década del setenta, Pedro Susz es el crítico con el mayor aporte a la discusión del cine, sus columnas en la prensa desde más de tres décadas ilustran a nuevos públicos y acompañan a quienes ya reconocen en él a una de las voces más autorizadas en el tema. Susz ha publicado crítica especializada en El Diario, Hoy, Última Hora, Pulso, en radio ha creado espacios dedicados al cine en Radio Cristal y Radio Cruz del Sur; y en Televisión en Canal 13 (TVU), Canal 7 (TVB), Canal 2 (TSB),  insistiendo desde donde podía en la formación de públicos, esta es su labor incesante. Él fue el Director Ejecutivo de la Cinemateca Boliviana entre 1976 y 2003, y junto a un equipo de personas interesadas en el apoyo a la cultura cinematográfica en el país consiguieron en 1992 la aprobación de la Ley del Cine; y en 2007 la inauguración de la sede propia de esta institución en La Paz. Susz además ha publicado varios libros que contribuyen al fortalecimiento de la cultura cinematográfica en Bolivia: La pantalla ajena (La Paz - 1985), La Campaña del Chaco y el ocaso del cine silente boliviano (La Paz - 1990), Filmovideografía boliviana básica (La Paz - 1991) y Federico el grande (La Paz - 1997), entre otros.

Sin embargo, algo que hay que tomar en cuenta en el análisis de la época dorada de la crítica cinematográfica en Bolivia, es el gran quiebre que se da en 1980 con el asesinato de Luis Espinal por órdenes de la que luego sería la narco dictadura militar de Luis García Meza (1980-1981). Este punto de inflexión, representó un gran golpe para la generación inmediata que quedó a la deriva, luego de la decadencia de los Cine Clubes y el ocaso de las instituciones aglutinadoras del debate cinematográfico, la realidad cambió drásticamente.

La dictadura hizo que todo fuera perdiendo fuerza de a poco, y la democracia del neoliberalismo fue testigo de la crisis más aguda de la crítica cinematográfica. Esto fue una consecuencia de las condiciones sociales que el país vivió entre 1982 y 2002. El rasgo más importante en esta coyuntura, puede ser visto en un estudio a profundidad de la crítica escrita sobre La Nación Clandestina (Jorge Sanjinés, 1989). Estrenada el 22 de marzo de 1990 como un homenaje a Luis Espinal a diez años de su asesinato, la película de Sanjinés no fue leída en su total dimensión como consecuencia del debilitamiento de la formación de críticos en ese periodo. Es así que una de las mejores lecturas corresponde a Silvia Rivera, socióloga, y no así a un especialista en la crítica.

LOS NOVENTA, LA GRAN CRISIS

La crítica cinematográfica en Bolivia, durante la década del noventa, retrocedió treinta años en su evolución y retomó el carácter de reseña que había antecedido a las décadas del setenta y el ochenta. Los periodistas culturales ocuparon los espacios dedicados a la crítica, haciendo de este oficio un simple ejercicio informativo que, por consiguiente, perdió su característica de análisis crítico.Cinemateca Boliviana. Foto: Juan Pablo Urioste

Durante los 90´s se vivió la gran decadencia de los suplementos culturales especializados, el caso emblemático es la desaparición del matutino católico Presencia de circulación nacional, que dejó huérfanos de referencias, en tanto secciones específicas dedicadas al qué hacer cultural, a las generaciones venideras. Situaciones como esta crearon el vacío propicio para la dispersión de los trabajos de crítica cinematográfica. Las columnas firmadas por críticos especializados comenzaron a ser cada vez más escasas y menos importantes para las oficinas de redacción en la prensa escrita.

La prensa especializada quedó relegada y tuvo que acomodarse a las condiciones del momento para sobrevivir. Esto quiere decir que, si a finales de los setenta en La Paz habían más de diez críticos activos, a mediados de los noventa el gran sobreviviente tenía nombre y apellido: Pedro Susz. Los medios de comunicación fueron transformándose en espacios destinados a la cuestión política, que ocupa más del 70 por ciento del contenido total de cualquier periódico del país. Los espacios de difusión cultural fueron perdiendo su impacto, y el cine se sumió en la gran crisis universal de la función de la sala de exhibición como tal.

La piratería, primero de VHS´s y posteriormente de DVD´s, junto a la aparición de la televisión por cable, determinaron los nuevos rumbos de la crítica cinematográfica en Bolivia, que se enfrentó a la posibilidad de su desaparición. Se trata, en este sentido, de que lo importante ya no era el visionado del cine, sino todo aquello que circundaba la acción de ir a ver una película, lo trascendental se centraba en una crónica más parecida a una sección de sociales o a una simple publicidad, que buscaba acomodar de mejor manera el producto en el mercado.

Los editores suplantaron el espacio de la crítica por algo más cómodo, se trataba de resumir el film y presentar una sinopsis. Así por ejemplo, el programa de televisión dedicado al cine con más años de antigüedad (Cine Mundo), se limita a mostrar los trailers y los videos publicitarios de las nuevas producciones, que por lo general vienen desde Hollywood. La crítica cinematográfica, en la etapa neoliberal, fue prácticamente eliminada del mapa, así fue que, la figura del crítico y sus funciones fueron desapareciendo.

Muchos periodistas culturales incursionaron en la reseña cinematográfica, aunque esto no representó una continuidad en sus carreras que nos permita distinguir nuevos nombres, que por su aporte puedan ser considerados críticos como tal. Antes que nada, esto responde a las deficiencias que existen para poder aproximarse a un discurso estético de la imagen, en un ligero repaso a lo publicado entre 1989 y 1999 no se encuentra una característica que represente un análisis concreto de la obra en sí; sino más bien, las reseñas se agudizan ante lo técnico, se trata de una época en la que los efectos especiales alcanzaron una madurez nunca antes vista y eso si es algo que parece interesar por encima de cualquier otro aporte de un film, a quienes escribían acerca de cine en los periódicos de la época.

UN NUEVO SIGLO Y MEJORES PERSPECTIVAS

La primera década del siglo XXI puede ser vista y entendida como el escenario del renacimiento de la crítica cinematográfica en Bolivia. En estos diez años (2000-2009) se han desarrollado iniciativas que, con el pasar de los años, se consolidaron como referentes de los nuevos espacios de difusión de la crítica. En esta etapa aparecen nuevos nombres que ayudan a perfilar un panorama distinto al de la década del noventa.

Se trata de una época en la que resurgen y se fortalecen los suplementos culturales en los principales diarios de circulación nacional: Fondo negro (La Prensa – La Paz), Tendencias (La Razón – La Paz), Brújula (El Deber – Santa Cruz) y La Ramona (Opinión – Cochabamba). En todos estos espacios, que se publican los fines de semana, se van abriendo columnas de crítica cinematográfica, es necesario considerar que no en todos los casos mantienen cierta continuidad, sin embargo logran reactivar el interés de los lectores por la crítica especializada. Si bien es un tiempo en que los periodistas culturales aún se encargan de la actualidad del séptimo arte en nuestro país, también empiezan a aparecer nuevas firmas de gente que se enfrenta al visionado del cine como una prioridad y no como un algo con lo que hay que cumplir para poder cubrir las secciones de variedad. Entre quienes se destacan por su trabajo y aportes están: Andrés Laguna, Santiago Espinoza, Sergio Zapata, Mónica Heinrich, Ada Zapata, Mary Carmen Molina, Álvaro Loayza, Sergio de la Zerda, Diego Loayza, Sergio Estrada y Marcelo Cordero. Este dream team ha publicado continuamente tanto en prensa escrita como en blogs.

La importancia de esta década no se limita al aporte de los jóvenes críticos desde los medios tradicionales de comunicación masiva (prensa, radio y televisión) sino, a la irrupción de los nuevos formatos de difusión (internet, comunicación 2.0). Las nuevas generaciones empiezan a hacer suyas las herramientas que el mundo virtual ofrece, y son los blogs el primer caldo de cultivo de voces diferentes que buscan desterrar del imaginario la idea de la trascendencia de los espacios clásicos y naturales de la crítica cinematográfica en Bolivia. En la búsqueda de un panorama parcial de los blogs de referencia, es importante citar algunas direcciones:

http://el-lar.blogspot.com/

http://yaneramai.wordpress.com/

http://www.fotogeniacine.blogspot.com/

http://www.palabrasmas.org/nius/index.php

http://aullidosdelacalle.blogspot.com/

http://www.cineconcristal.blogspot.com

Para poder comprender el fenómeno es necesario hacer ciertas consideraciones: los editores de prensa no apuestan por jóvenes voces, los jóvenes descartan los espacios tradicionales, los espacios tradicionales por tanto envejecen en su contenido sin entender los cambios que suceden en la actualidad. Esto puede ser resumido de la siguiente manera: tradicionales medios masivos quieren mantener su estructura y sus principios, los jóvenes se apoderan de los nuevos medios masivos.

Aquí está el quiebre fundamental y fundacional, en un país en el que el ingreso mensual de sus habitantes está muy por debajo de los 100 $ (Dólares americanos) por mes, y dónde los estándares de vida son definitivamente bajos, el poder de adquisición es mínimo, de esta forma se entiende que la compra de un periódico es algo que la población no contempla como una necesidad. Sin embargo el acceso a internet crece constantemente, y son cada vez más quienes se interesan por ser parte de las comunidades virtuales, ya que estas dan la posibilidad a los lectores de participar activamente, dejando de lado la figura de ser sólo un receptor pasivo, para poder producir contenidos propios y de esa manera dar a conocer sus realidades.

La situación económica es de suma importancia a la hora de hacer un análisis sobre aquello que hace a la cadena de la industria cinematográfica, si bien el acceso a las salas de cine en Bolivia es aún restringido, el acceso a los productos fílmicos no lo es. La piratería y la televisión (abierta y por suscripción) generan públicos que hay que tomar en cuenta a la hora de pensar la crítica cinematográfica en Bolivia. Se trata de una realidad que promueve el visionado no sólo de los grandes estrenos comerciales, sino también de las películas independientes, privilegiando las posturas autorales que se las puede encontrar en formato DVD´s, en los puestos de venta de este material pirata (en la mayoría de los casos), en las principales ciudades del país.

Estamos hablando de que hay mercado para todo tipo de películas, esto está ligado a un desarrollo de la cinefilia que no responde a sitios, en tanto espacio, especializados en difusión de estos films, sino más bien a sitios, en tanto referencia, de consagración de títulos que marcan los nuevos rumbos de la actualidad cinematográfica contemporánea a un nivel global. Nos encontramos, en este caso, ante uno de los logros más importantes de la globalización: la eliminación de las fronteras en cuanto posibilidad de conocimiento de realidades, y a su vez la puesta en circulación de productos culturales de una comunidad particular cuyo alcance es más amplio que el sistema de distribución comercial convencional.

De este modo nos enfrentamos a una cultura cinematográfica que está lejos del alcance de aquello que se pueda encasillar como tal o cual generación o escuela. Estamos ante críticos que se han formado más allá de un posible stablishment comandado por alguna institución, la generación nacida en democracia reconoce como condición necesaria el pluralismo político, estético y cultural como fundamento del ejercicio ciudadano, donde la crítica es vital, en tanto permite hacer uso pleno de nuestras facultades (ciudadanas). De ésta manera es imposible la adscripción unánime hacia algún referente, favoreciendo la diversidad de voces y la multiplicidad de ideas que circulan, haciendo uso pleno de las herramientas comunicacionales que ofrecen los sistemas virtuales de comunicación.

Un caso ejemplar, que recupera uno de los medios tradicionales de difusión de crítica cinematográfica, es el programa radial Cine con Cristal, emitido desde La Paz por Radio Cristal. En un poco más de dos años de vida, este programa ha logrado posicionarse como un espacio informativo, crítico y de apoyo a la producción nacional. El trabajo que desde ahí se realiza semanalmente (labor ininterrumpida desde abril de 2008) se ha convertido en un referente de la cultura cinematográfica boliviana. 

Para cerrar todo esto, es necesario reconocer las otras voces de la crítica de cine en Bolivia, que a través de nuevos espacios de difusión proyectan su trabajo, se trata de: Pedro Brusiloff, Sebastián Morales, Pablo Lavayén, Rocío Ágreda, Julia Peredo, Claudia Pardo, Luis Brun, Luis Velasco, todos ellos bolivianos. Esta situación se complementa con colaboradores de distintos países de América del Sur que contribuyen al fortalecimiento de la cultura cinematográfica en Bolivia desde la Revista on-line Cinemas Cine: Pabela (Argentina), Martha Cotoret (Venezuela), Vivian Murcia (Colombia) y Carlos Fidel Intriago (Ecuador).

 

 

   
         
         
 
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