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La exterioridad: "ángel exterminador "que nos sobrevive
 
     
       
         
   
por: Pedro Brusiloff
   
   

 

Películas en blanco y negro que pueden interpretarse como "retratos sociales" o "comedias costumbristas", pero sobre todo como el deseo de preservar lo enternecedor de un sol, de una tierra y de unos amigos, sin abandonar por ello el ansia de sobrepasar los viejos muros y satisfacer un hambre de espacio y vida que no evoque la pérdida, la imagen de la muerte que se alza en el soneto de Quevedo ante las murallas derrumbadas de la ciudad medieval: "Miré los muros de la patria mía / Si en un tiempo fuertes, ya desmoronados / De la carrera de la edad cansados/Por quien caduca ya su valentía". Es decir, el deseo de lograr una armonía entre la modernidad, la apertura y las tradiciones que constituyen lo más bello y propio de un pueblo que no quiere perder su identidad ni el brillo de un pasado glorioso. Éste es uno de los temas que Calle Mayor (Juan Antonio Bardem, 1956), Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, 1966), Plácido (Luis García Berlanga, 1961) y El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962), las películas seleccionadas este mes para el ciclo Blanco de Martes de Cine Español, pueden sugerirnos. 

Una de las preguntas con las que nos enfrentamos al ver estas películas es ¿Qué nos dice a nosotros, latinoamericanos –que compartimos con España una patria que es la lengua– esta tensión entre el pasado y el futuro, entre la seguridad y el aburrimiento del terruño, y lo incierto de una travesía en la que se puede perder lo esencial de uno mismo? ¿Qué importancia tiene para nosotros esa preocupación que se trasluce en películas como Nueve cartas para Berta y Calle Mayor, preocupación que se deja ver incluso en la irracionalidad de la mejor película de este ciclo, El ángel exterminador? Las respuestas a estas interrogantes son diferentes y conflictivas, pero estoy seguro de que por las razones que expondré a continuación, éstas películas nos dicen cosas de nosotros mismos que no debemos pasar por alto.

 

 

Para el historiador Edmundo O’Gorman, América fue inventada y no descubierta. Según el autor, el descubrimiento de América saca a Europa de la cárcel medieval en que vivía. Desde esta perspectiva, O’Gorman se preocupa del ser americano, la ausencia de una historia americana, y del vacío que se entrañaba en su identidad. Sin embargo, para este historiador es justamente esa ausencia de pasado, ese vacío, el que le otorga sentido a nuestra historia. Así pues, el sentido del sujeto americano es su propia historia, una historia cuyo destino es, finalmente, la realización de las aspiraciones universales de la Cultura Occidental. Por la misma razón y, paradójicamente, cuando América alcance esa aspiración dejará de ser América.

Si bien el planteamiento final de O´Gormann es discutible, no se puede negar aquello que Carlos Fuentes, en "Espacio y Tiempo del Nuevo Mundo", rescata del hermoso ensayo del historiador mexicano: América es un deseo, una necesidad: "América primero fue un sueño, un deseo, una invención, una necesidad. El ‘descubrimiento’ sólo prueba que jamás encontramos sino lo que primero hemos deseado". En este sentido, los autores estudian el espacio y el tiempo latinoamericanos como lugares vacíos, como ausencias que son llenadas por un deseo. Para Fuentes, Cervantes y Shakespeare inventaron el espíritu moderno; la decisión de El Quijote de abandonar los límites de su aldea en busca de aventuras, demuestra el hambre de espacio propias de un espíritu grande, pero también los problemas encarnados en los caminos abiertos del Nuevo Mundo: "Allí, don Quijote descubre, con dolor y alegría también, que el espacio del mundo ha cambiado para siempre y que su encargo mayor es el de aceptar la diversidad y mutación del universo sin sacrificar la capacidad mental para la analogía y la unidad, a fin de que este mundo cambiante no se convierta en un mundo sin sentido" (Fuentes)

Entonces, ¿Cómo se puede dar sentido a un mundo que con su inmensidad niega los valores y convicciones de la ciudad medieval, con sus murallas y monasterios? O en todo caso ¿De qué manera las ruinas de esas murallas han invertido la inicial apertura, haciendo que la salida se convierta en una nueva clausura?

La película El ángel exterminador resulta central al momento de pensar estas cuestiones. En la obra de Buñuel no sólo se muestra la imposibilidad de abandonar un espacio, sino el absurdo de una salida que precipita a los personajes en otro encierro. El angel exterminador es una película donde los protagonistas, que han adoptado por la sofisticación y las normas de un trato cosmopolita, convierten esas conductas en un lastre que les impide entrar en contacto con sus deseos más elementales; para ellos la apertura ha significado el cumplimiento de los temores de Cervantes: un mundo que pierde la analogía y la unidad y que precipita a los protagonistas en la perdición. Lo paradójico es que, una vez que los personajes reconstruyen su pasado y logran hallar en él el deseo que les permitiría liberarse, organizan un Tedeum. Después de haber estado recluidos en la sala de su anfitrión, los personajes de esta película no hacen más que volver a otro encierro, el de las naves de una iglesia cuyas campanadas anuncian el Apocalipsis que arrasa el mundo exterior.

Esta oscilación entre el encierro en un mundo moderno, donde las supersticiones más descabelladas reemplazan la pérdida de un sentido teológico, hacia otro mundo donde ese sentido parece recuperarse, pero a costa de un encierro que aísla a los personajes del destino de quienes habitan en la exterioridad, evoca claramente la época y el lugar en que nosotros vivimos. Por una parte, la ausencia de sentidos que organicen nuestras relaciones sociales, políticas y culturales, propiciando la preeminencia de lo meramente instrumental, y llenando esa ausencia con supersticiones como las del new age, y por otra, el retorno a un ideal de lo originario (de lo puro) que, como sabemos, son expresiones de una interioridad vacía que sólo cobra sentido por la negación del otro.

 

 

 

El angel exterminador es claramente similar a otras películas de Buñuel como El discreto encanto de la burguesía (1972). En estas realizaciones, los otros aparecen como una intromisión, como un infierno. Ya sea porque con su presencia impiden realizar una cena, ya sea porque se quedan a dormir después de la cena, los otros se convierten en pesadilla desde el momento en que dejan de ser simulacro. Esto es lo que sucede en Plácido de Luís García Berlanga, donde la presencia de los pobres sólo es posible en la medida en que sus problemas y necesidades sean banalizados por un discurso hipócrita de la caridad. Por otra parte, a los pobres sólo les importa comer y lo que muestra el mordaz humor de la realización es el hecho de tener que acomodarse a un conjunto de ritos y de costumbres para acceder a la satisfacción de las necesidades más básicas. De alguna manera, la película puede tomarse como una crítica no sólo del autoritarismo y falsedad de los valores predominantes, sino como la situación dramática de un país que para acceder a la modernidad y sus beneficios, deberá acomodarse a una serie de formas que no tienen relación con su vida diaria: la próspera industria de las ollas Cocinex, lo caricaturesco de la farándula española, cuyos integrantes "han cenado en los mejores hoteles del mundo". Es decir, una aparición de la modernidad no como agresión de lo foráneo por encima de los valores "ideales" y "honestos" de la comunidad local, sino una modernidad que es asumida por lo más reaccionario y conservador de la sociedad , modernización que se asienta, antes que en los intereses de una clase dominante, sobre una mentalidad y valores que están en franca contradicción con el espíritu moderno cuyo fundamento no es la acumulación de riqueza, sino el sentido crítico frente a un poder que se ejerce sobre valores autoritarios. Así, estas películas nos revelan el temor hacia una apertura que, en lugar de allanar el camino de la tan maltratada idea de progreso, termina por instaurar una clausura donde los viejos valores son despojados de lo que tienen de solidaridad, calidez y familiaridad, para institucionalizar únicamente su faceta autoritaria.

 

 

viridiana de luis buñuel

 

 

O’Gorman y Fuentes veían en el descubrimiento de América, o mejor dicho en su invención, una Europa que, libre de las murallas medievales, no solamente llegó al nuevo continente con los enfebrecidos conquistadores que buscaban oro y riqueza, sino también con el pensamiento de Maquiavelo, Erasmo y Moro, es decir , con un conjunto de proyectos sociales emancipadores que Europa había soñado para sí misma y que encontraban en América el lugar propicio de su realización. Puede argumentarse que la idea de O`Gorman es un telos imposible de aplicar a la simultaneidad de tradiciones en conflicto que existen en América, pero, como se dijo antes, lo que interesa en la propuesta es que América es un deseo y que, de alguna manera u otra, las tradiciones en conflicto del continente pueden ser interpretadas como formas de deseo y no como esencias constitutivas. De hecho, uno de los principales aportes de los ensayos que mencionamos es que la Historia de América, su cultura, no es algo que preceda a la propia América: no existe una esencia americana, el sentido de América es su propio devenir.

Las películas que se proyectarán este mes en los Martes de Cine Español, mas allá de ser cuadros costumbristas o documentos de la creación artística en una época determinada, manifiestan la misma tensión, los mismos conflictos que España ha tratado de resolver desde su contacto con América: la apertura a un mundo desconocido e incierto, espacio de una libertad de alcances insospechados, pero que de una manera fatal, ha consolidado en muchos casos sus valores más autoritarios. La salida a una primera modernidad que España encontró con el descubrimiento de América es, por lo expuesto anteriormente, muy similar a la modernidad que los personajes de estas películas buscan: una búsqueda nacida de la necesidad de nuevas y más grandes experiencias pero con el temor de que unos valores cuya calidez y ternura se ansía, muestren su faceta más autoritaria y feroz.

 

el angel exterminador de luis buñuel

   
         
 
Tags: Martes de Cine Español en la red Calle Mayor Luis García Berlanga Plácido Nueve cartas a Berta El ángel exterminador Pedro Brusiloff Cine español Luis Buñuel El discreto encanto de la burguesía
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