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Un (o tres) acercamiento(s) a la crítica cinematográfica
 
     
       
         
   
por: Sebastian Morales
   
   

En  la actividad diaria  de la crítica cinematográfica, surge una pregunta  incomoda pero al mismo tiempo necesaria: ¿qué es  o para qué sirve la crítica? Este ensayo tiene un tono de búsqueda, es decir, se trata de ensayar una de las tantas respuestas que podría tener una pregunta de ese estilo. Para esto, se han escogido tres autores, de diferentes épocas y profesiones; que además, tocan temáticas diversas: dos de ellos  no hablan directamente del tema que ahora nos interesa, mientras que el último intenta, al igual que nosotros,  encontrar una respuesta a esta pregunta incomoda. 

El crítico como amante

¿Qué es un crítico cinematográfico? En primer lugar es un tipo que tiene una fuerte fascinación por el cine y por supuesto, ama las películas.  Es decir, el crítico está inundado o más bien dicho, influenciado  por algo que los griegos han bautizado con el nombre de Eros. 

En efecto, el crítico tendría muchas de las cualidades que Sócrates le atribuye a Eros en el diálogo platónico titulado  El banquete. El Eros representaría una de las muchas formas del amor. El personaje mitológico, es también un enamorado y  justamente porque ama es que está carente de su objeto. No lo tiene y lo desea. Para Sócrates, este semi-dios busca la belleza, porque se supone que uno ama sólo  lo que es bello. Esto, en el arte postmoderno no tendría validez, el eros cinematográfico busca otra cosa, no se sabe qué, pero busca.

Pero cuando encuentra eso que busca, se siente pues, terriblemente enamorado, se siente en éxtasis. Es ese éxtasis es el que debería impulsar la crítica, es decir, hay algo que se ha encontrado en la experiencia fílmica, algo tan grande, incomparable,  que debe ser necesariamente compartido.  No por nada considera Sócrates que el Eros es un demon, un demonio, lo que para el filósofo es sinónimo de inspiración. 

Eros no tiene las cualidades de los dioses, no es ni bello ni necesariamente bueno y en su cualidad de semi-dios sirve como  nexo entre los dioses y los hombres.  El crítico es también un nexo (salvando las diferencia obvias), entre el film y su espectador.  Es un vínculo que se hace desde la propia subjetividad, un intento desesperado para compartir esa experiencia y entrar en diálogo con otro tipo de espectadores que ya han visto la película.  

El primer acercamiento es por supuesto muy romántico, como suele suceder cuando se cita la filosofía griega. La crítica cinematográfica sólo encuentra un primer impulso en la relación de amor con su objeto, sin embargo, tiene otras relaciones y para comprenderlas debemos dialogar con otros dos autores más. 

El crítico como traidor

 En La construcción social de la realidad,  los sociólogos Berger y Luckamnn proponen una tesis sumamente postmoderna y que  se resume en el título de su libro. A lo largo del texto, los autores explican los procedimientos por los cuales los hombres crean socialmente la realidad y cómo es posible que ésta  sea internalizada en el individuo. Para ellos,  no sólo hay mecanismos por los cuales aprehendemos las categorías de lo  real sino que también hay procedimientos por los cuáles se legitiman para que sean inteligibles  para las futuras generaciones. Por supuesto, en una tesis así, el lenguaje tiene un papel troncal, tanto en la creación como en la legitimación de lo que se considera real en una sociedad determinada.   

 Cualquier artista honesto busca siempre hacer  algo novedoso, algo que no haya sido visto  antes y que por supuesto llegue a impactar al público que lo recibe. A fin de cuentas, el artista busca  hacer algo que sea incomprensible y que sin embargo tenga la capacidad de al menos perturbar al espectador.  Si llevamos esta intención al extremo, diríamos que lo que busca el artista es cuestionar las categorías de lo real que han sido aprehendidas socialmente.  Para eso debe desestructurar  las instituciones, crear nuevos lenguajes, destruir los procesos de legitimación, es decir, ir en contra de la corriente, poner en duda lo evidente. 

Ahora bien, ¿Qué tiene que ver el crítico en todo esto?  Lo que hace el crítico –ya lo habíamos dicho más arriba- es intentar explicar lo que ha visto y lo que ha sentido para iniciar un diálogo con los otros espectadores.  Pero para explicar hay que racionalizar. Es decir, debe comparar la nueva obra con las anteriores, comparar al artista con otros de su misma generación o con los que tocan una temática parecida, en fin, tratar de entender la obra según un contexto especifico.   No sólo eso, el crítico debe preguntarse qué procedimientos técnicos (movimientos de cámara, un montaje especial, una perturbadora actuación, etc…)  han hecho que él, como espectador, haya sentido lo que ha sentido.  

Berger y Luckmann lo advierten en su libro: la racionalización es también una forma de legitimación. Mientras el artista se empecina en mostrar algo que desestructure nuestros conceptos sobre la realidad (lo que crea un especie de vértigo que bien podemos llamar “el hecho estético”), el crítico se empecina en mostrar que las cosas que nos regala el artista, tienen una perfecta explicación con las categoría que tenemos. Es decir, el crítico hace lo imperdonable: traiciona la obra de arte. A fin de cuentas, el crítico es un amante infiel. 

La crítica como diálogo 

Lo que se ha dicho vale para todas las artes, pero el cine es un arte particular y es el que nos interesa en este ensayo. El cine está hecho para las grandes masas,  es un complejo sistema en donde se equilibra el comercio y el arte, de una forma no siempre exitosa.  El cine además, tiene una capacidad emotiva impresionante. Pero esta facultad, combinada con el hecho de que el cine es un arte de masas, puede llegar a ser sumamente peligrosa.

El cine puede llegar a ser alienante. Con una frase similar Luis Espinal comienza el décimo  “Cuaderno de cine” (Conciencia crítica ante el cine)  dedicado a la crítica cinematográfica.  Para el autor, la institución fílmica  tiene la capacidad de hacernos aceptar ideas por su simple carga emocional. Por ser un lenguaje no asimilado, puede convertirse en un agente invasor. Ante esa amenaza, para Espinal, hay dos opciones: o se cambia el cine o se cambia al espectador. La primera opción resulta utópica y además se tendría que aplicar un mecanismo que no le gusta para nada a Espinal: la censura.  Por tanto, sólo nos queda la segunda.

Para Espinal, el espectador no es pasivo ante la proyección cinematográfica, puede en todo caso, ser receptivo y no crítico, cualidades que le permite ver la película desde su propia subjetividad. Pero el autor busca que el espectador sea crítico ante la visualización del film: “la crítica no es una especialidad, sino la tarea de todo espectador”.(Espinal, 12: 1976) 

Sin embargo, no es siempre fácil iniciar la meditación personal que exige la película después del visionado. Así, Espinal propone dos formas de incitar la reflexión fílmica: a partir de los cine-clubs y a partir de la crítica cinematográfica, actividades que realizó mucho el propio Luis Espinal. 

El crítico sería entonces la persona que incita, a partir de sus propias reflexiones, la meditación del espectador. El crítico tiene que tener mucho cuidado, puesto que no debe imponer nada al espectador porque  eso sería una nueva forma de alienación. Sea dicho de paso, el crítico no debería emitir juicios de valor (decir si la película fue buena o mala). Lo que busca es un diálogo y los juicios de este tipo son siempre personales e indiscutibles. Nadie  puede decir que es lo que debe gustar y que es lo que no. Lo que hace el crítico es narrar lo que ha encontrado y compartirlo con los demás, pero no puede decir si lo que ha hallado le parece placentero o no (el amor no siempre es un campo de flores). 

Pero volvamos a la exposición que hace Espinal.  La crítica cinematográfica se lee después, puesto que sólo de esa forma no impone al espectador la forma en que se debe ver el film y le da la posibilidad de sacar sus propias conclusiones. Sólo de esa forma se crea un diálogo que es el encuentro de dos individuos que de cierta forma quieren compartir su experiencia. El trabajo del crítico, por tanto, tiene una importantísima función social. 

A partir de estos tres acercamientos a la crítica cinematográfica, podríamos ensayar el nuestro. El crítico es incitado a escribir por un profundo amor hacia el cine. Tiene deseos de contar la experiencia vivida en tal o cual película. Pero inmediatamente que declara su amor al cine,  lo traiciona.  Debe racionalizar la experiencia, es decir, ponerla en palabras tales que puedan ser más o menos entendidos por todos de una misma manera. Pero esta traición es también una apertura, es un condicionamiento que se hace a una película en particular. No se trata de un especie de compromiso de calidad general (una buena historia, buen manejo de la técnica o lo que fuera)  que debería tener el film con el espectador, sino más bien una especie de estatuto ético. El cine tiene un gran poder y por supuesto puede llegar a ser peligroso. El crítico denuncia el aparato persuasivo del cine, lo hace inteligible y además lo comparte, en fin, pone alerta al espectador. Esta especie de función social del cine no debe confundirse con un paternalismo ante el público. Lo que busca el crítico es iniciar un diálogo. La crítica, al igual que el film, es simplemente una pregunta sin respuesta, es una invitación a contestarla o en su defecto una invitación a hacer más preguntas. 

Bibliografía

Platon, El banquete, Buenos Aires, 2006, Gradifco.

Luckman Thomas y Berger Peter, La construcción de la realidad social, Buenos Aires, Segunda edición, 1972,  Amorrortu Editores.

Espinal Luis,  Conciencia crítica ante el cine, Cuadernos de cine número 10, La Paz, 1976, Don Bosco. 

 

 

   
         
 
Tags: Luis Espinal Sebastián Morales Escoffier
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